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Pisos,
pisitos y dignidad
| FERNANDO ÓNEGA |
HAY
QUE reconocer que a la ministra María Antonia Trujillo le salió
una buena frase; una frase de Agustina de Aragón, de poeta del 27,
o de virreina de España tras perder una colonia: «La dignidad no
se mide en metros cuadrados». Es la expresión del cabreo que te
queda después de haber tenido una idea que el personal se toma a
cachondeo. Es el diagnóstico que hacemos los pobres, cuando contemplamos
nuestra pequeña propiedad y la comparamos con la finca del señor
marqués: nos ganará en ladrillos y en hectáreas, pero no en dignidad.
«Pobres, pero honrados», le hemos dicho siempre al patrón. Y es,
sobre todo, el grito de un corazón socialista ante las leyes del
mercado, tan insensibles. Cuando ese mercado no permite socializar
nada, ni siquiera el suelo, el gobernante acude al recurso mágico
de ensalzar la dignidad. Lo decía el filósofo Inmanuel Kant: «Todo
tiene o bien un precio, o bien una dignidad».
El precio, evidentemente, lo ponen otros. El Gobierno, que en cuestiones
de vivienda está resultando el órgano más impotente del universo,
no pasa de ensalzar la dignidad que, siendo tan escasa, sale sin
embargo barata y justiciera. Se le puede regatear al rico y se pueden
sembrar con ella los huertos del proletariado.
La cuestión siguiente es si una vivienda menor de 30 metros es bastante
digna. Hombre, para quien no tiene nada es un palacio. Para quien
tiene un palacio, es la caseta del perro. Y para los padres que
siguen teniendo a sus hijos pensionados en casa es, por lo menos,
un alivio.
Quiero decir que, sin duda, los minipisos de corrala y colmena que
nos anuncian no merecen ser despreciados. Habrá hueco en el mercado
para ellos. Habrá peleas por conseguir uno. Hay, incluso, arquitectos
que sacan cuarto de estar, habitación, baño y recibidor de tan exiguo
tamaño, que para eso está el arte de la arquitectura. ¿Qué es lo
que falla, entonces, en el proyecto para que haya sido recibido
con tantos pitos? Puede que falle el tono de la ministra: necesita
un cursillo de vendedora de ideas, para que parezca un gran programa.
Tendrían que rescatar maestros como los del Partido Popular, donde
Javier Arenas, por ejemplo, subía las pensiones cada semana. En
el PSOE fabrican muchas ideas, pero son de este tenor: «empadronamiento
por omisión» o «soluciones habitacionales».
Es que en esto hay mucho de psicológico. El problema quizá no sea
el tamaño de esos pisos, que todos hemos hecho guardia en peores
garitas. El problema es que el Gobierno de la novena potencia económica
del mundo no puede ofrecer la colmena como única solución al drama
de la vivienda. Y el problema mayor es que el proyecto de un gobierno
ambicioso no puede quedarse en socializar la escasez, aunque sea
permutándola por dignidad.
lavozdegalicia. 13/04/05
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