|
Batalla
de flores (y empanada)
| ANXEL VENCE |
Se queja el monarca Don Manuel por las injurias que -a su juicio-
está vertiendo contra él la oposición; pero lo cierto es que la
actual campaña evoca el formato de unos juegos florales más bien
que el de unas elecciones. No es que los candidatos usen la empolvada
peluca y los suaves modos de la Corte de Versalles, pero casi.
Tanto es así, que el aseado candidato del Bloque, Anxo Quintana,
se limita a situar a Fraga en la "extrema derecha", delicado eufemismo
que en anteriores comicios solían sustituir sus predecesores por
el más abrupto calificativo de "fascista". Como mucho, y cuando
está muy lanzado, le llama "candidato fantasma" o sugiere que usa
a sus seguidores como si fuesen pañuelos desechables de usar y tirar.
Más delicadeza, imposible.
El propio Don Manuel anda de lo más comedido y, a lo sumo, llama
"payaso" a su contrincante socialdemócrata Emilio Pérez Touriño
apenas un minuto después de asegurar que él no entrará jamás en
el cruce de denuestos entre candidatos. En cuanto a Touriño, ya
habrán advertido los lectores que no dice una palabra más alta que
otra, aun a riesgo de parecer monótono y aburrir al público sediento
de emociones.
Ningún parecido guarda esta campaña de guante blanco con las cuatro
que la precedieron desde la arribada del fundador de la dinastía
fraguiana a Galicia. En las dos o tres primeras, el tema estrella
de los contrincantes de Fraga giró alrededor de su pasado como ministro
del régimen franquista. Sin el menor éxito, todo hay que decirlo.
Al cabo de doce años y tres mayorías absolutas, la oposición pareció
caer en la cuenta de que el electorado ya disponía de esa información
y, a pesar de ello, el argumento no influía mucho ni poco sobre
la mayoría de los votantes.
Es natural. Tal vez los estrategas del antifranquismo póstumo no
habían caído en la cuenta de que al actual Jefe del Estado español
lo designó "sucesor, a título de Rey" nada menos que el mismísimo
Caudillo, detalle que en modo alguno merma la popularidad del "juancarlismo",
incluso -o sobre todo- entre las gentes de izquierda. Mucho menos
habría de influir, por tanto, el detalle de que Fraga hubiese sido
ministro de Franco (además de redactor de la actual Constitución).
Después de todo, a él no lo ha elegido presidente de Galicia el
generalísimo, sino una mayoría de gallegos en cuatro lances consecutivos.
Ya nadie -o casi nadie- alude a esa circunstancia biográfica del
monarca galaico. Y, a diferencia de las últimas elecciones, ninguno
de sus contrincantes le ha atribuido una enfermedad terminal que
lo excluiría -por obvias razones- para el ejercicio del cargo. Por
no insistir, ni siquiera han reincidido gran cosa sus contrincantes
sobre la cuestión de la edad de Fraga en esta campaña de talante
versallesco.
La excepción a este delicado tono general la han ofrecido hasta
ahora, si acaso, algunos de los paracaidistas enviados desde la
Corte para animar con un poco de controversia las elecciones. Tal
podría ser el caso del socialdemócrata José Blanco, cuando reputó
de "incapacitado" a Fraga; pero tampoco el asunto habría de pasar
a mayores.
De todo lo anterior se deduce fácilmente que -a pesar de las quejas
de Don Manuel- la campaña está discurriendo por razonables y en
cierto modo inesperados cauces de urbanidad. No se ha escuchado
hasta ahora ninguna de las gruesas injurias de anteriores campañas;
y los improperios que se cruzan los candidatos y vicecandidatos
a izquierda y derecha son, por el momento, tan blandos como pellizcos
de monja.
Cierto es que la parte más dura de la campaña todavía está por llegar;
pero aun así, los prolegómenos no sugieren en modo alguno que vayan
a disputarse "a cara de perro", según la ruda expresión utilizada
por varios de los contendientes. De momento, la batalla es de flores
y con acompañamiento de empanada. Estamos en Galicia.
laopinióncoruña. 27/05/05
|