Cuando
todos estábamos absolutamente convencidos de vivir en la era de
la revolución tecnológica, en el imperio de la informática y de
las comunicaciones avanzadas y en una sociedad de la información
llena de bits, chips, ADSL y otros portentos, resulta que lo que
se impone en nuestro país es la manufactura y la artesanía chapucera
del típex.
Esa pequeña gran herramienta, a la que un entrañable amigo llamaba
"Blanco de España" confundiéndola con aquel otro producto
utilizado para tapar la suciedad de las rendijas entre baldosas,
se ha descubierto ahora como elemento fundamental para ocultar cualquier
mancha que aparezca desde los entresijos de este nuestro Gobierno.
Fue Caldera, el adelantado, el primero en ver las posibilidades
de este prodigio cuando, estando en la oposición, pasó la brochita
por aquel documento sobre el Prestige del que sólo le interesaban
algunas partes. Nunca le agradecerán lo suficiente su jefe y sus
compañeros de filas aquella visión de futuro y aquella incursión
en el progreso que hoy asumen como una forma natural de gobernar.
¿Que hay un informe que apunta la posibilidad de que ETA tuviera
relación con los atentados del 11M?, pues le pasan el típex antes
de mandárselo al juez. ¿Que resulta que en el registro de salida
ya figuraba la referencia de ese informe?, pues otra vez a darle
al pincelito. ¿Que el documento iba firmado por tres técnicos?,
pues tachan las firmas con la pastita blanca y ponen otra. ¿Qué
las fechas no coinciden?, pues a abrir el botecito de nuevo.
Y, si después de un trabajo tan fino, resulta que un periódico descubre
los brochazos y comete la osadía de decirlo, pues se aplica el otro
típex que este Gobierno tiene tan a mano, el corrector grande, ese
con formato periódico que tanta prisa pone en publicar lo que le
dictan desde Moncloa para tachar lo que al otro diario le dicta
su conciencia periodística.
Y qué bien queda, debe pensar Zapatero sin que se le arrugue la
sonrisa. Tanta tecnología, tanta cibernética y tanta I+D y va a
resultar que la innovación de verdad no está en controlar Internet,
ni en extender el Wi-Fi, ni en disfrutar de blootooth, sino que
el verdadero desarrollo está en extender el típex para controlar
cualquier investigación y disfrutar de la chapuza.
Si siguen así, van a acabar por utilizar el mismo método para tachar
el pitilín del nuevo retoño de los Príncipes, caso de que sea varón,
para ganar tiempo a ver si así reformamos la Constitución y la paridad
se acerca a la Monarquía. O para blanquear las cenizas de los montes
gallegos, que ya han llegado a las playas. O para aclarar la piel
de los desgraciados inmigrantes que llegan a cientos en cayucos
al incierto destino al que les han llamado a gritos y disimularlos
así como turistas. Y es que aún no se conoce todo el nuevo potencial
de este viejo invento. Pero, visto lo visto y, sobre todo, intuido
lo que no nos dejan ver, empiezo a sospechar que Rodríguez está
pensando en él para salir de ese jardín en el que nos ha metido
a todos, ese ³proceso de paz² del que los terroristas se ríen a
tiros y que nosotros, me temo, acabaremos llorando. Creo, ay Dios
mío, que toda su estrategia se centra en acabar con ETA borrándola
con típex.