Categórico pudiera ser a primera vista semejante interrogante, mas
no lo es. La pregunta clave es otra, ¿cuántas Etas pretenden que
creamos que existen? Esa es la cuestión, no otra, el resto es distraimiento,
ocultación, parches en ojo ajeno. Eta es lo que es y no otra cosa,
hasta el momento, una organización asesina. Lo que siemrpe ha sido
ante el silencio cómplice, cobarde y mezquino de muchos. Así de
simple, así de claro y rotundo. No bajan tranquilas las aguas de
este proceso de paz, mal llamado proceso y de paz. La violencia
callejera se ha reactivado como medio de presión, por ahora de baja
intensidad pero constante y creciente con el paso de los días.
Los etarras no parece que se estén de brazos cruzados, quizás rearmándose
y redefiniendo sus estrategias. La extorsión sigue tan impune como
clandestina, o ese parece. Y las bases que jalean son utilizadas
pero sinsabor muy bien el rumbo. Los remolinos no dejan de avivar
un agua turbia, densa y poco calcificada.
El Gobierno se ha lanzado presto a una negociación de la que nada
sabemos, quizás tardemos mucho en saber algo. No bajan tampoco demasiado
tranquilas para la organización. Su estrategia de los últimos meses,
errática e incierta, no sabemos si es del todo caprichosa o intencionada.
Mas lo cierto es que ha desorientado a propios y extraños, gobierno,
etarras, batasunos e incluso, y desde un calculado y hermético por
el momento segundo plano, a los peneuvistas que están aguardando
con los canastillos para recoger las nueces.
El alarde de fuerza, afrenta, victimismo de un martirologio chabacano
y absurdo del pasado fin de semana con subfusiles, pasamontañas
y discursos vacuos y amenazadores pero sin mucha credibilidad solo
puede enmarcarse o bien en una estrategia de fuerza y chantaje,
o bien en una disociación entre una Eta derrotada en lo policial
y judicial que quiere revivir en el sistema político, o una Eta
que ya no quiere o recele del alto al fuego. Se habla de escisión.
Palabras en el aire que sólo ellos, los asesinos, pueden saber.
Qui lo sa?
El Gobierno ha abierto una espita ingenua y precipitadamente. El
telón se ha levantado con unas exigencias que rayan el absurdo cuando
no lo grotesco. El silencio de las armas trae chantajes y exigencias
que otrora sólo se buscaban con las pistolas. Nadie cree en nadie,
nadie respeta nada. La tregua no está rota, ni periclitada, si lo
estuviera o cuando lo esté no tardarán mucho en hacérnoslo saber
de ese modo y manera tan explícito que han empleado durante cuarenta
años. Cuidado con las dianas. Eta tensa la cuerda, sabe hacerlo,
no claudicará y no lo hará por muchas añagazas que existan. No han
llegado hasta aquí para ceder a las primeras de cambio.
El problema son epítomes de la prisa y los laureles de gloria trufada.
El camino no es fácil, nunca lo ha sido, más bien al contrario.
Es cierto que desde hace más de tres años no se ha derramado sangre,
sangre siempre inocente. Pero la violencia asoma y no parece que
nadie esté dispuesto a detenerla. La banda y sus aledaños, no tan
cachorros ya, no cesan en la violencia, tampoco acatan la ley. Estas
y no otras fueran las premisas que siempre esgrimió el presidente
del gobierno.
El mago de la palabra, que olvida y aparta cuando conviene, a él
por supuesto no al resto, y sino que se lo pregunten a Maragall
y otros decapitados barones. Enfrente no hay demócratas, nunca los
ha habido, los demócratas de pistola no son nada. Sus armas no son
la palabra, la razón y el diálogo. Solo el fanatismo, el odio, la
vileza y el asesinato a traición.
No sé si existen o no varias Etas, o si existirán en el futuro más
inmediato. No sabemos si todo pasa por una estrategia de firmeza
y dureza frente al Gobierno, o todo acabará como aquella mañana
de agosto de hace ocho años en Omagh cuando más de una veintena
de niños fueron masacrados por una escisión del IRA, se decía que
el auténtico, el que mortificó y enterró en vida a veintinueve familias,
dos de ellas españolas. Seguir permitiendo la violencia callejera,
la extorsión y el chantaje, el enaltecimiento impune del terrorismo
"hasta la última gota de sangre" es dar alas cada vez
más a los violentos. Ya no sirve la excusa que alega el gobierno
una vez sí y otra también que es para consumo interno.
El desconcierto es total tanto en el gobierno, como en la clase
política, batasuna y la propia Eta. No importa cuántas haya, pues
siempre que haya una sola podrá seguir asesinando. Cuidado con las
dianas.