Me comenta muchas veces mi vecina la del quinto que lo que más le
molesta de su Manolo es que personaliza continuamente el tópico
de que nunca se sabe bien si un gallego sube o baja. Nada en él
es absoluto, me dice, sino que, sobre un mismo tema, tan pronto
va como viene y cualquier cuestión doméstica tiende a zanjarla con
un "asegún" y un "adepende".
Entiendo perfectamente los problemas que la actitud de su marido
le puede crear a mi vecina, que nunca sabe muy bien a qué atenerse.
Yo intento animarla, pero también le confieso que esa forma de manejar
las cosas que aplica su Manolo debe tener, sin duda, grandes ventajas.
Las ha descubierto, sin ir más lejos, nuestro presidente de la Xunta.
Touriño ha llegado a tal dominio de esa forma de gobernar que, ante
la venta de Fadesa a una empresa no gallega, es capaz de mostrarse
contentísimo por la mañana y apesadumbrado por la tarde. La desgalleguización
de la constructora es primero una muestra de la buena marcha de
nuestra economía y un rato después un motivo de preocupación. En
el desayuno nos sentimos orgullosos de que se vaya y en la merienda
hay que luchar y negociar para que se quede. Ahora qué bien, ahora
qué mal. Asegún y adepende.
Una relatividad que no es, desde luego, nueva en don Emilio. Recordemos,
por ejemplo, aquel subir y bajar la escalera que practicó, antes
de llegar a San Caetano, en relación con la reforma del Estatuto,
que para él un día era justa y necesaria, otro le parecía inoportuna
y otro había que esperar el momento. Ahora sí, ahora no. Y tampoco
es exclusiva del presidente, sino que se ha instalado desde el principio
en el conjunto de su Gobierno y de los partidos que lo forman. Lo
mismo la crisis de los incendios está controlada que hay una ofensiva
incendiaria que la descontrola. Igual hay una trama organizada que
no la hay. Tan pronto la colaboración de todos los alcaldes es un
hecho como lo es que los del PP sabotean. Hoy hay que negociar bilateralmente
la financiación de Galicia y mañana es mejor dejar las cosas como
están y ceñirse al Consejo de Política Fiscal y Financiera. A tal
hora Galicia es una nación, a tal hora y cuarto una nacionalidad
histórica y a y media una nación de Breogán. Una de las dos cabezas
gobernantes constata "avances importantes" en la reforma
estatutaria y la otra ve una "lentitud paquidérmica" en
ese proceso. Una opina que los Presupuestos Generales del Estado
para Galicia son "históricos" y, simultáneamente, la otra
considera que son muy mejorables.
Todo está en función de qué parte del Gobierno gallego hable, del
estado puntual de esa parte cuando habla y del minuto del partido.
Sabíamos que eran el Gobierno del cambio y, desde luego, cambiar,
cambian continuamente, saltando de una opinión a otra y de uno a
otro planteamiento según convenga a sus intereses más inmediatos.
Y, mientras, los ciudadanos nos mareamos intentado seguir las jugadas
de esta especie de encuentro tenístico que gira nuestras cabezas
ahora a este lado, ahora al otro, sin saber a ciencia cierta en
dónde acabará la pelota.
Pero a todo podemos verle la parte positiva: con este Gobierno,
podemos elegir fácilmente entre ver las cosas bien, mal o regular
así sea nuestro estado personal de ánimo sin temor a equivocarnos,
porque siempre coincidiremos con nuestros sabios gobernantes. Y,
si no lo tenemos claro, siempre nos queda la respuesta que le doy
a mi vecina la del quinto cuando me pregunta sobre cómo creo yo
que va Galicia: asegún y adepende, que diría tu Manolo. Y nuestra
Xunta.