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Los
sueños, sueños son
| Aloma Vidal |
Aunque estemos
hundidos en el lodo que dejaron las aguas bajando rabiosas de los
montes que perdieron su manto protector por el fuego de agosto;
aunque seamos testigos de la contaminación de los ríos, de la muerte
de truchas, de la asfixia del marisco por las cenizas; aunque veamos
cómo nuestras empresas punteras nos abandonan; a pesar de que cada
vez nos cuesta más llegar a fin de mes; aun viendo que no alcanzaremos
nunca la vivienda prometida; pese a que seguimos formando listas
de espera interminables en la sanidad; aunque sólo podemos aspirar
a un empleo precario; aunque no haya planes para nuestra pesca,
nuestra agricultura, a pesar de que constructores y empresarios
de servicios se quejan de la falta de obras y proyectos... ahora
somos más felices.
Nos lo ha dicho el presidente de la Xunta: qué bien estamos hoy,
con lo mal que estábamos hace un año. Con su intervención en el
Parlamento, Touriño demostró que, tal como algunos sospechábamos,
lo suyo fue tomar posesión y encerrarse en una torre desde la que
todo lo ve en technicolor. Para él, Galicia es, cómo decirlo, un
frenesí, una ilusión, un sueño que quiso transmitirnos desde el
Pazo do Hórreo con un discurso que más bien llevó a la somnolencia
y que, lejos de ilusionar, dibujaba claramente una sombra, una ficción.
Nos explicó el jefe de la primera parte contratante que, cuando
su persona y asociados tomaron las riendas, Galicia era "un
país sin pulso, huérfano de proyecto y de horizonte", pero
él, con un entusiasmo que le sale por los poros y en el poco tiempo
que le queda libre después de dedicar casi todo a entenderse con
la segunda parte contratante, consiguió dar un giro a esa negra
situación. Y, por lo visto, el giro debió de ser de 360 grados,
porque ahora sí que Galicia se ve sin pulso, huérfana de proyecto,
de horizonte y de gobierno, a pesar de tener dos en uno.
Aparte de las peleas entre las dos mitades del Gobierno, la catastrófica
gestión de los incendios forestales, los líos en los medios de comunicación
públicos, el cerrojazo al Plan Galicia, la paralización de la Ciudad
de la Cultura previo pago a un grupo de "expertos" que
no han dicho nada, la desaparición del Plan Labora, de la Hipoteca
Xove y de la bolsa de alquiler, tres o cuatro leyes y alguna iniciativa
tan imprescindible para nuestro desarrollo como la paridad en el
Consello de la Xunta o las galescolas, poco más sabemos de lo hecho
por el bipartito en su primer año de mandato. Y tampoco Touriño
nos contó gran cosa al respecto. Porque para él todo se justifica
criticando y desfigurando el pasado.
El presidente no salió de su torre ni cuando entró en el Parlamento.
Por un puñado de votos prestados, él ya está allí, donde quería,
donde siempre había soñado estar. Y ahora sigue soñando y aburriéndonos
a los gallegos. Pero ni siquiera su insulsez y sus largos y vacíos
discursos van a conseguir dormirnos. Nosotros, los ciudadanos, seguimos
despiertos y viviendo la realidad. Porque sabemos que no toda Galicia
es sueño. Que los sueños, a ver si se entera de una vez Touriño,
sueños son.
04/10/06
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