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La
encuesta
| Aloma Vidal |
Empiezo a convencerme
de que algunos políticos le han dado la vuelta al significado de
la demoscopia. Del griego "demos" (pueblo) y "skopeín"
(examinar, observar), esta área de la sociología sirve, teóricamente,
para mostrar la formación de la opinión de los ciudadanos. Sin embargo,
parece que la Vicepresidencia de nuestra Xunta estima mucho más
conveniente darle un giro a esa definición y utilizar la ciencia
demoscópica para, una vez examinada la ciudadanía, formar su opinión
según interese, mostrando y difundiendo una determinada interpretación
del resultado de la observación.
Lo que vulgarmente se conoce como "cocinar" una encuesta,
avanza, en la publicada recientemente por la Secretaría de Relaciones
Institucionales, un paso más ya que, además de ajustar las especias
previamente a su conclusión final, se le han dado unos minutos de
microondas antes de servirla al público para que los mensajes y
titulares destacados nos lleven a los gallegos a pensar lo que tenemos
que pensar y no lo que en realidad pensamos.
Así, por ejemplo, en cierto punto de la encuesta sobre rendimiento
institucional, ya salpimentada, el mensaje destaca que "la
mayoría de gallegos y gallegas cree que las cosas en Galicia han
mejorado en el último año", qué buenos somos los del bipartito,
le falta añadir. Pero resulta que el gráfico que acompaña a tal
afirmación indica que son sólo un 43,4 por ciento de los ciudadanos
los que opinan así, mientras que un 54,8 por ciento, o sea, una
clara mayoría, consideran que las cosas o no han cambiado o han
empeorado algo o mucho. Puede llegar a entenderse que para alguien
que está co-gobernando con un 18,8 por ciento de los votos ese 43
y pico le parezca una amplia mayoría, pero serlo no lo es, por mucho
que se quiera amasar y hornear.
El sondeo del cheff Losada aborda, como su propio título "rendimiento
institucional" indica, los temas que más nos preocupan a todos,
que no son, qué va, ni el aumento de los precios, ni la subida de
las hipotecas, ni la cuesta de septiembre, ni el paro, ni la carestía
de la vivienda, ni las inundaciones, ni la contaminación de los
ríos, ni el futuro de las empresas que van a dejar de ser gallegas.
Nuestra principal prioridad se centra en la reforma del Estatuto
y por eso alguien a quien no le corresponde competencialmente se
ha gastado nuestro dinero en un estudio gracias al cual hemos descubierto
que la mayor parte de nosotros pasamos olímpicamente de la Constitución
cuando hablamos de la reforma estatutaria. Una reforma que, según
la rama bloqueira del gobierno, encuesta en mano, es urgente para
casi uno de cada dos gallegos y que algo más de uno de cada tres
consideran que puede esperar.
Mirando nuevamente la parte gráfica, lo que se demuestra, en realidad,
es que es un 34,8 el porcentaje de ciudadanos que piensa que la
reforma es urgente o muy urgente, mientras que un 35,9 opina que
la urgencia es poca o ninguna. Ocurre que, en el microondas, Losada
suma a los primeros el 13,9 por ciento de la población para el que
reformar el Estatuto es sólo relativamente urgente, pese a que sería
más exacto identificar lo que tiene una prisa relativa con algo
que puede esperar. En este mismo apartado, y siguiendo con la técnica
de formar la opinión observada en lugar de observar la opinión formada,
se destaca que, uy qué emoción, "disminuye el porcentaje de
entrevistados que consideran poco o nada urgente la reforma del
Estatuto" con respecto a febrero pasado. Pero no se menciona
que, tal como señalan los datos, también disminuyen los que la consideran
urgente, suben los que sólo creen que es relativamente urgente y
aumenta espectacularmente (del 3,8 al 16,8) el porcentaje de los
que no saben o no contestan.
En cualquier caso, lo más chocante del asunto es que, después de
tanto marear la perdiz con los datos de la urgencia, resulta que
a la mayoría de los gallegos, nada menos que casi al 56 por ciento,
lo de cambiar el Estatuto nos importa menos que a Losada y a su
jefe saber de verdad lo que pensamos. Y es que esto de las encuestas,
ya se sabe, todo es según se mire. Ahora lo miran estos y arriman
el ascua a su sardina proclamando que los ciudadanos opinan como
ellos, que hay que reformar el Estatuto porque, aunque a casi nadie
le importa, la mayoría lo reclama con urgencia, y que no hace ninguna
falta que sea constitucional. Dentro de unos días, lo harán los
otros, la otra cabeza del Gobierno, tan dada a contraprogramar igual
con actos que con sondeos, y entonces nuestra opinión cambiará como
si nada para adaptarse a la suya. Y cada nuevo producto demoscópico
no hará más que confirmarnos que tanto órgano encuestador y tanto
dinero nuestro tirado en estudiarnos sólo sirve para que el espejito
mágico les diga a cada uno de ellos que es más guapo que el otro.
Pero lo que es nosotros, vamos a acabar no sólo sin saber qué pensar,
sino sin saber qué pensábamos apenas un minuto antes.
09/10/06
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