La
Xunta va a elaborar un censo para saber exactamente cuántos cerebros
se fugan de Galicia. Resulta curioso que tengamos ahora que gastarnos
el dinero en conocer el alcance real de una cuestión que sistemáticamente
ha sido calificada de grave problema por los actuales co-gobernantes
autonómicos. Vamos, que lo que ha anunciado el director xeral de
Investigación, Desenvolvemento e Innovación es que van a hacer un
estudio para saber si eso que decían en la oposición de que muchos
científicos tenían que marcharse de aquí por falta de oportunidades
era verdad. Pues sí que estamos bien. Como tengan que comprobar
la veracidad de cada uno de los argumentos que tanto repitieron
para criticar a los de antes, no nos van a llegar los cuartos para
pagar informes.
Nuestros jóvenes investigadores, decían cuando no gobernaban, tuvieron
que emigrar a otros lugares de España o de Europa porque la Galicia
del PP no les ofrecía aquí las condiciones necesarias para desarrollar
su labor. Y se supone que si lo decían era porque tenían datos que
corroboraban esa afirmación. Pues no; los datos los van a buscar
ahora, a ver si hay suerte y tenían razón, tal es el rigor político-científico
de estos cerebros que bien harían en fugarse aunque solo fuera para
inclinar la estadística a su favor.
Y es que ahora se han dado cuenta de que, bueno, en fin, que igual
no era para tanto la cosa porque, claro, esto de medir cerebros
que se fugan es muy difícil y que lo mismo no todos huyeron porque
aquí no tuvieran oportunidades. Así que, como ya están en el poder
y ya no les hace falta tanta demagogia barata para vociferar lo
malos que son los otros, han decidido por fin ser objetivos creando
un censo, según ha explicado el director xeral de la cosa. Claro
que, perteneciendo ese departamento a la misma rama del bipartito
que el demoscópico Antón Losada, cuyos estudios de la realidad social
gallega tienen la misma objetividad que un informativo de La Sexta,
no quiero ni pensar en los criterios sobre los que se basará el
censo en cuestión. Me imagino a los científicos gallegos en Madrid
o en Londres contestando a preguntas como "¿usted se ha fugado
o simplemente ha huido?" o "¿Su marcha de Galicia fue
obligada o sólo forzada?", con la pluralidad de opciones de
respuesta acostumbrada para lograr la dirección única a la que nos
quieren acostumbrar.
Debe de ser difícil para los nacionalistas entender que los ciudadanos
que dejan su lugar de origen no siempre lo hacen huyendo ni porque
no tengan opciones de vida en él, sino simplemente porque consideran
que hay otros mundos más allá de Pedrafita. Los hay que emigran
buscando otros horizontes vitales o profesionales. Otros quieren
ampliar conocimientos o puntos de vista. Algunos lo hacen para aprender
más idiomas que el gallego. Y también existen los que se mueven
de su pueblo por inquietudes diversas, véase, por ejemplo, el caso
de Pepe Blanco. Si él ha querido crecer fuera ¿por qué no va a hacerlo
un cerebro?
Por otra parte, estos cráneos privilegiados que nos gobiernan debieran
ser más positivos y ver lo que ellos llaman fuga como una exportación
de inteligencia desde allí donde abunda, véase de nuevo el caso
de Pepe Blanco. Puede entenderse, incluso, como un acto de solidaridad.
¿Sería justo, por ejemplo, que España entera tuviera que prescindir
de un cerebro como Zapatero, ese hombre, sólo para que los leoneses
se permitieran el lujo de tenerlo en exclusiva? ¿Podría nuestro
país seguir progresando sin esa sabiduría derrochada en frases de
brillantez extrema como "un líder de izquierdas debe hacer
política de izquierdas"? ¿Qué sería de los españoles si ese
pedazo de presidente a quien el G-8 se le queda pequeño porque ocho
países son pocos para él no hubiera llegado nunca a Madrid? Sería,
sin duda, una actitud insolidaria de la que se podrían poner otros
ejemplos como, en fin, véase una vez más el caso de Pepe Blanco.
Los nacionalistas y, por contagio, los del bipartito en general,
debieran ser un poco más abiertos de miras por el bien de nuestro
futuro. Y por el bien de nuestro presente, tal vez fuera oportuno
que, en lugar de hacer un estudio sobre la fuga de cerebros, se
empezaran a estudiar las fugas que tienen algunos cerebros que nos
están gobernando.