Mira
tú por dónde, los del bipartito se están convirtiendo en unos expertos
en dominar el arte de la transparencia. Nos la vendieron como una
prueba del cambio, como un gesto de honestidad y de que su gestión
iba a ser tan intachable que no tendría nada que esconder. Y hasta
aprobaron una ley dedicada a ella, que obliga por escrito a cumplir
esa promesa de actuar sin trampa ni cartón.
Gracias a ese empeño en quitar velos, los ciudadanos, por ejemplo,
podemos ahora comprobar, a través de Internet, que los miembros
del actual Gobierno de la Xunta tienen más asesores y mejor pagados
que sus antecesores. Es cierto que se pasaron años criticando a
los de antes por los muchos cuartos que gastaban en personal de
confianza, pero ellos se gastan más y no pasa nada, que para algo
son los que mandan ahora. Eso sí, como son transparentes, lo dicen
y lo ponen en el escaparate cibernético, que queda muy bien, aunque
la cosa no sea completa porque aún hay muchas consellerías, por
lo visto más pudorosas, que no se han destapado en la web enseñando
los encantos de sus puestos eventuales.
Pero ahora han descubierto otra faceta de la transparencia, qué
cosa más útil, consistente en aplicarla hasta llegar a la invisibilidad.
Lo han puesto en práctica con cierto decreto por el que los pescadores
y mariscadores afectados por las recientes riadas tendrían derecho
a recibir ayudas inmediatas para paliar el cese de su actividad
a causa de la contaminación marina. El decreto dice que es aplicable
en caso de catástrofes naturales, como inundaciones, temporales
o incendios. La Consellería de Pesca dice que no se puede aplicar
a este caso, pese a que las lluvias han llenado las rías de una
amalgama de barro y cenizas procedentes de los incendios forestales
del verano, una pasta que el Departamento de Carmen Gallego no considera,
al parecer, contaminación, aunque las almejas no opinen lo mismo.
Y, en cualquier caso, el presidente Touriño dice que el decreto
no sirve para esta situación porque aquí ni hay contaminación marina
ni hay catástrofe natural, que ya dejó bien claro hace unos días
que lo que hemos vivido no ha sido un temporal, ha sido un hecho
excepcional y sin precedentes. A lo que ahora añade que la causa
principal de las riadas han sido las lluvias, qué genio, y yo que
creía que había sido el cha-cha-chá.
Así que, como el decreto sigue en vigor, hay que ver qué molesto,
y puede generar expectativas, pues lo mejor es hacerlo transparente.
Tan transparente que ya no se ve. Los de la Xunta lo han hecho desaparecer
del ciberespacio, descolgándolo de su página web, que estos son
muy modernos y dominan las nuevas tecnologías. No como los del Gobierno
central, qué paletos, que cuando quieren borrar algo que les escuece
aún tiran de típex, hay que ser antiguos.
Y algo similar ha ocurrido con ciertos exámenes de una oposición
que, vaya usted a saber qué tenían de malo, se han transparentado
hasta volverse invisibles. No están, nada por aquí, nada por allá,
han desaparecido en el pozo de transparencia del Gobierno de Touriño
y asociados que, en la clásica operación lavacaras, han hecho autoborrarse
también al director xeral responsable de la desfeita, aunque eso
no sirva de mucho consuelo a los más de un centenar de opositores
que tendrán que volver a examinarse. Que digo yo que tiene su aquel
que dimita un director por perder unos cuantos exámenes mientras
sigue en su puesto el que dejó perder ochenta mil hectáreas de monte
por el fuego.
Una bicoca, pues, esto de la transparencia. No esconden nada, no,
simplemente lo diluyen. El problema es que, de tan transparentes
que son, se les ve siempre el plumero.