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El artículo

Mujeres de marca
| Aloma Vidal |

Mi vecina la del quinto se ha leído la Ley. Hablo de la Ley del Trabajo en Igualdad que acaba de aprobar el Parlamento gallego. Que la mujer no pasó del Bachiller, como Montilla, pero gusta de estar bien informada y por eso, y ya que les está pagando el ADSL a los chicos, pues texto legal que pilla en Internet, texto legal que se zampa para ver cómo avanzan las cosas.
O cómo se quedan igual pero con una ley más, que es el caso. Porque, me dice mi vecina, lo de regular al más alto nivel la intención de acabar con la discriminación de la mujer ya estaba inventado. Concretamente, con la Ley gallega 7/ 2004, para la igualdad de mujeres y hombres, que también se la leyó, qué tía. Y esta nueva, me sigue diciendo, tiene poco de novedoso con respecto a aquella, que va a ser que estos no son muy originales y más que los del cambio van a acabar siendo los de la copia, qué tíos. En definitiva, según me cuenta, este texto recién aprobado viene siendo un más de lo mismo: unas cuantas declaraciones de intenciones con mucho artículo y pocas nueces. Y, eso sí, con unas pinceladas de look progre.
Lo que más le ha gustado a la del quinto es que ahora ya no va a haber mujeres de bandera, que es una expresión así como con un cierto tufo machista, sino que va a haber mujeres de marca, que serán, digo yo, las que posibiliten a las empresas obtener la Marca Gallega de Excelencia en Igualdad, algo así como la ISO 14000 o como la Ternera Gallega de Calidad, pero versión empresas que empleen a mujeres, aunque sea con contratos basura. Y que servirá para obtener algunos beneficios como, por ejemplo, preferencia en la adjudicación de contratos públicos. Beneficios para los empresarios, claro, que para las mujeres no muchos. Porque la empresa que obtenga dicha preferencia sólo está obligada a mantener parámetros de igualdad de sexos entre sus empleados durante el plazo fijado en la adjudicación. O sea, que una vez termine la cosa, puede despedir a las mujeres. No me extrañaría nada que acabara instaurándose la figura laboral de la empleada-concurso, es decir, aquella que se contrata temporalmente para obtener ventajas en un concurso público.
Y, por lo demás, la ley no promete mucho, según mi vecina, que considera que esa manía de hablar de conciliación de la vida familiar y laboral, de promover acciones para compatibilizar el cuidado de los niños y las tareas domésticas sólo cuando se habla de la mujer es, más que una casualidad, un reconocimiento explícito de que ese tipo de tareas les corresponden a ellas. Porque nadie habla de abordar ese tipo de acciones para que los hombres puedan, por ejemplo, progresar en su situación laboral. Y eso, añade, tiene más bien poco de avance en la igualdad y más de asumir que lo que hay es lo que hay. Y a ella le suena casi tan machista como lo de la paridad.
Y tampoco ve claro la del quinto que las campañas de sensibilización que haga la Administración y las medidas que se invente para repartir los trabajos del hogar igualitariamente entre hombres y mujeres consigan que su Manolo coja la fregona. Eso suponiendo que la Administración ponga en marcha alguna medida, porque tal como está redactado el artículo correspondiente en la Ley, resulta que serán "los derechos de conciliación de la vida personal, familiar y laboral² los que ³promoverán la corresponsabilidad", qué claridad expresiva. Es decir, que si la corresponsabilidad no se promueve, habrá que reclamar a los derechos esos. Ni tampoco acaba de entender que se premie a las empresas que penalicen el acoso sexual, cuando lo natural es penalizar a los que lo permitan. Ni que se considere promoción de la participación de las mujeres en los consejos de administración el hecho de solicitar anualmente un informe sobre la composición de los mismos y se les diga a las empresas que tienen pocas mujeres en ellos que estaría bien que tuvieran más.
Mi vecina la del quinto se ha quedado bastante convencida con esta ley. Convencida de que las acciones propagandísticas del bipartito no tienen límites y no se reducen sólo a los anuncios de "la Vicepresidencia de Anxo Quintana", que ya llegaba. Y convencida también de que, a pesar de que ahora va a haber toda una colección de órganos, unidades administrativas, comisiones consultivas y consejos gallegos para velar por sus derechos y que seguro proporcionarán un buen puesto a más de una, ella no va a tener, con esta nueva norma, más oportunidades de progresar, salvo la de limpiar cuatro oficinas en lugar de tres. Y eso, se me ocurre, sí que podría considerarse ser una mujer de marca.

15/03/07

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