El artículo

De progresos y retrocesos
| Aloma Vidal |

Si se pudiera progresar retrocediendo, estos del bigobierno de la Xunta serían los reyes del mambo. Mi vecina la del quinto dice que a lo mejor tenemos la sensación de que vamos hacia atrás porque estamos cogiendo carrerilla, pero yo, la verdad, no veo el progreso prometido por ningún lado. Más bien creo que los gallegos estamos cada vez más perdidos, más en un antes que en ese idílico después con el que quisieron ilusionarnos. Por lo menos, hasta hace poco teníamos más o menos claro de dónde veníamos y hasta podíamos vislumbrar hacia dónde íbamos. Pero es que ahora ya no sabemos ni quiénes somos. Vivíamos felices convencidos de ser una nacionalidad histórica, algo que no nos daba ni más ni menos de comer pero que llevábamos con bastante dignidad. O eso creíamos, porque ahora resulta que estamos, según nuestros gobernantes, reclamando con urgencia un cambio de definición de nuestra identidad, que ya no podemos, al parecer, sobrevivir con la que tenemos. Y nosotros sin enterarnos.

Menos mal que ellos están en todo. Bueno, a lo mejor en todo no, pero sí en lo importante, en lo vital, en aquello que a mi vecina la tiene en un ay constante que no la deja dormir. Y, así, gracias a ellos, quienes a diferencia de la del quinto aún dormíamos plácidamente, hemos despertado de nuestra inocencia descubriendo que para avanzar lo fundamental no es tener más recursos, más dinero, menos paro, más beneficios sociales, más viviendas, más y mejores carreteras o una sanidad capaz de atenderte cuando aún estás vivo. Qué va, eso son nimiedades, aspiraciones típicas de gente sin horizontes y con una cierta mentalidad retrógrada. Ya se sabe que hablar de financiación, o sea, de dinero, es de mal gusto.

Lo que hace falta es ponernos un nombre. Y por eso los bipartitos dedican sus mayores esfuerzos, cada uno por su lado, y sus mayores peleas, cada uno contra el otro, a bautizar a esta tierra a la que se supone gobiernan. La prioridad, han decidido, es reformar el Estatuto. Pero a juzgar por el nivel del debate y por las declaraciones de Touriño y de Quintana, lo prioritario no parece que sea perfeccionar el autogobierno o atender a las nuevas demandas y necesidades de esta Comunidad (o lo que sea), sino que todas las energías, las suyas y las nuestras, deben centrarse en cómo nos definimos. Todos quietos y todo parado hasta que demos con la fórmula.

Yo tengo la casi total seguridad de que a los cada vez más gallegos que llevan meses esperando para ser operados o para que los atienda el especialista de turno, igual que a los inundados de Baiona que siguen viviendo en hoteles o a aquellos que vieron arder los montes de la forma en que ardieron, les debe dar bastante igual que su tierra sea una nación, una nazón de Breogán o el país de los pitufos. Pero es que los ciudadanos, ya se sabe, solemos carecer de criterio y sentidiño y somos capaces de ir por el mundo sin la identidad adecuada. Por eso necesitamos que nos dirija alguien como nuestro actual presidente quien, en otra muestra de su concepción del avance, quiere justo ahora que nos parezcamos a Cataluña. Justo ahora que esa maravillosa tierra ha dejado de ser motivo de admiración para ser objeto de asombro, en la que las libertades han pasado a ser artículo de lujo, en la que la última campaña electoral nos ha traído retazos de la peor memoria histórica en forma de ataques y agresiones contra la libertad de pensamiento e ideología.

Anhela nuestro presidente una similitud con Cataluña en el momento en que va a ser gobernada de hecho por quien hace nada fue considerado un gobernante indigno por pactar a escondidas con los terroristas. Ahora que va a tener un presidente de cartón que es de su mismo partido, aunque no ha dudado en traicionarlo para ocupar el sillón. Quiere Touriño que seamos como la Cataluña que aprobó un Estatuto con nocturnidad y traiciones de unos a otros que colecciona recursos de inconstitucionalidad y del que pasó olímpicamente la mayoría de los ciudadanos, que volvieron a demostrar, con una abstención histórica en las recientes elecciones, que están hartos de sus políticos y de lo que hacen con ellos.

Nuestro presidente quiere, viva el progreso, copiar a esos políticos en lugar de aprender de esos ciudadanos. En realidad, lo que él querría, no pudo evitar llorarlo el otro día, es que el Partido Popular fuera en Galicia como allí, para que no molestara tanto. Para que no le recordara cada día que aquí es a él al que la sociedad le negó un respaldo contundente y que es un presidente atado por todas partes, obligado por ley a entenderse con el PP para reformar el Estatuto, obligado por los nacionalistas a tragar con sus exigencias bajo amenaza de romper el Gobierno y obligado por sus jefes de Madrid a no exigirles nada y a obedecerles, que con un Montilla ya tienen bastantes problemas.

Con tantas ataduras y con un presidente empeñado en seguir los pasos de la Cataluña de hoy, Galicia va a seguir retrocediendo tanto por bien de su progreso que, como tenga razón mi vecina y sea para coger impulso, cuando queramos arrancar vamos a acabar desparramándonos.


10
/11/06

No hay comentarios


©Galicia en PáXinas S.L.
 | gpx.es | noticiasgalicia.com | ViajarGalicia.com | parquenaturalislasatlanticas.com | vinosgallegos.net | golfgalicia.net |
| directoriowebsgallegas.com | pueblosdegalicia.com | confidencialgalicia.com |
Todos los derechos reservados
.-E-mail: info@noticiasgalicia.com Optimizada para 1024 x 768 píxels.
Aviso legal  | Departamento Publicidad