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El artículo

¿El repelente niño José Luís
| Aloma Vidal |

Por mucho que se empeñen en apodarlo así, a mí en lo único que Zapatero me recuerda a Bambi es en la tristeza que me produce verlo. Vamos, que cualquier día, viendo en un telediario cómo el presidente mata el sentido común, me pongo a llorar a moco tendido como cuando matan a la madre del cervatillo en la película. En realidad, a mí este hombre me parece más un niño grande, uno de esos niños repelentes que se empeñan siempre en ser los líderes, los grandes protagonistas, y que hacen cualquier cosa para llamar la atención y granjearse la compañía del resto del grupo, aunque lo único que consigan sean falsas amistades.

Anda el repelente niño José Luís por el mundo adelante haciendo amigos. Y, para ser bien recibido en las fiestas, no duda en llevar sus juguetes favoritos ni en inventarse los juegos más estrambóticos que le garanticen su minuto de gloria infantil, sin importarle mucho ni dónde sea la reunión ni quiénes estén invitados. Así, lo mismo acude a Estambul o a Nueva York llevando orgulloso su caja de la Alianza de las Civilizaciones de Famosa que merienda con los terroristas luciendo su estuche del Proceso de Paz de la Señorita Pepis, juega a los soldaditos en Afganistán o abre en Bruselas o en Senegal el puzzle de los inmigrantes que le regaló su amigo Caldera.

Al igual que esos chavales a los que todo el mundo acaba rechazando, el pequeño gran Rodríguez tiene fijación por caer bien en cada momento al que tiene más cerca, sin perder tiempo en medir las consecuencias ni en valorar la oportunidad de sus actos. Es por ello que estira su sonrisa al máximo cuando exclama ¡cáspita! qué buena idea que Turquía sea uno de los nuestros, justo cuando los europeos están poniendo todas las pegas a la entrada de ese país en la pandilla. O se hace fotos con los más despreciables, alternando sus cuentos sobre pacifismo, libertad y convivencia mundial con abrazos a quienes se pasan esas ideas por el forro. Con dictadores a los que deja jugar en su casa para presumir después de haber conseguido, por ejemplo, sacarles unas pocas canicas en forma de presos políticos, qué dominio de las relaciones.

Carente de carisma o de una imagen atractiva, y como sus chistes nunca tienen gracia ni sus travesuras ingenio, gusta de arrimarse cuando conviene a los más gamberros queriendo ganar prestigio y de presentarlos incluso en sociedad, para que los amigos de Europa los acepten y asuman sus buenas intenciones. Dejadles jugar con nosotros, que son muy divertidos; el otro día, sin ir más lejos, casi queman a dos policías, qué machotes, aunque en el fondo son buena gente.

Lo malo de los niños como este es que acaban por no aguantarlos ni sus padres, que ya no saben qué hacer para educarlos. Al repelente José Luís ya le han dado algún que otro toque sobre las reglas de sus juegos. Pero él no ceja en su empeño y sigue desordenando su cuarto de los juguetes y poniéndolo todo patas arriba. Un caos parecido al de su propia mente, que fabrica ideas tan magníficas como producir películas entre moros y cristianos con la cámara del Cinexín que viene con la Alianza de las Civilizaciones, para que no parezca, aunque sea, que nos llevamos mal.

Los padres del repelente niño José Luís somos los ciudadanos españoles, que lo parimos en las urnas. Y empieza a ser urgente que nos pongamos serios con él, que le instemos a que haga los deberes y a que ponga orden en su habitación y en sus fantasías. A que se tome en serio su presente y nuestro futuro y a que se deje de cuentos, bajo pena de quedarse sin vacaciones en Lanzarote y sin viajes a Londres con su muñeca Sonsoles y el kit completo de niñas y suegra. Si no lo hacemos pronto, cualquier día nos sale con otra de sus ideas para llamar la atención y propone, por ejemplo, que le den el Nobel de la Paz a De Juana Chaos, a quien tanto admira. A lo mejor es porque le corroe la envidia, sabedor de que los malos siempre ligan más que los simples como él en el patio del colegio. En ese patio de colegio en el que todos nosotros, los abnegados padres-ciudadanos, acabaremos siendo el hazmerreír por culpa de este hijo repelente que nos ha salido.



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/11/06

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