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Muebles
y muebles
| Aloma Vidal |
Sonsoles
quiere cambiar los muebles. Mi vecina la del quinto también, ayer
mismo me lo comentaba. Pero es que hay muebles y muebles. Es lo
que tiene este socialismo hecho de progres de pancarta y etiquetas
de todo a cien, que sus líderes se ganan al respetable a base de
prometer igualdades y en cuanto cumplen el objetivo de dirigir la
casa la tiran por la ventana. Se les caen las pegatinas y se dedican
a vivir como lo que les gusta ser y no como lo que dicen que son,
dejando salir al burgués que llevan dentro y marcando bien las diferencias
entre ellos y ese mismo respetable, que ha pasado de escuchar sus
promesas a pagar sus caprichos a escote.
Mil eurillos le pedía mi vecina a su Manolo para cambiar, que ya
tocaba, ese sofá con los muelles revolucionados y la horrenda mesita
de centro que le soltó la suegra como regalo de bodas. Pero que
si quieres. Que el marido tira de presupuesto, le planta unos números
más rojos que el abuelo de Zapatero y le argumenta que aún están
pagando la matrícula del niño, que les ha salido estudioso y ha
decidido llegar al paro por la vía de la Universidad. Y que encima
sube la luz, la hipoteca y los impuestos, que ahora tenemos que
arrimar todos más el hombro para sufragar el cambio de muebles de
los Rodríguez, porque ellos lo valen.
Y es que todo es poco para Sonsoles, qué apañada esta mujer, que
entre sumergirse en las profundidades del mar de Canarias escoltada
por la Guardia Civil y bucear en las rebajas de Londres transportada
por un avión oficial, aún encuentra tiempo para decorar la Moncloa.
La Moncloa-casa quiero decir, porque para decorar la Moncloa-Gobierno
ya están la vicepresidenta De la Vega y las ministras de la Vogue
y de la paridad. Así que cuando la de Rodríguez decide dar la jubilación
al espantoso aparador y a otros cuantos trastos que aún quedan de
los inquilinos anteriores, que son, dónde va a parar, mucho peor
que una suegra, pues su José Luís le responde con un no faltaba
más y esa amplia sonrisa que empiezo a pensar que es lo único que
tiene este hombre.
También él tira de presupuesto, pero del nuestro. Y no argumenta
nada, ni falta que le hace, cuando de los números de todos rasca
500.000 euros del ala para reamueblar la casa. Porque a ver quién
es el guapo que consigue dar al palacio un nuevo look más acorde
con el progresismo, con el socialismo, con la izquierda y con la
igualdad de clases con menos de esa calderilla, que hay qué ver
cómo se ha puesto esto del interiorismo fashion.
Tiempos aquellos en los que el candidato Zapatero nos prometía que
iba a acabar con el despilfarro del dinero público y que lo dedicaría
a becas. Pero es que entonces diseñaba estrategias para ganar y
ahora que ha ganado prefiere diseñar interiores. Y, total, para
qué gastar en becas si hasta mi vecina y su Manolo pueden pagar
la Universidad de su hijo.
Claro que, por culpa de eso, la del quinto seguirá con la mesita
de la suegra y el sofá con esos muelles tan revolucionados que
no revolucionarios- como los del cerebro de nuestro presidente que,
puestos a amueblar, podría empezar por su cabeza. Y es que, es verdad,
hay muebles y muebles.
23 /11/06
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