Echo un vistazo a mi alrededor y no doy crédito. Creí que
después de que Pepe Blanco llegara tan alto lo había visto
todo, pero está claro que mi capacidad de sorpresa iba a tener
que ensancharse aún más, sin que nadie me avisara de lo que
estaba por venir como el Meteogalicia avisa a Touriño de lo
que está por caer aunque maldito el caso que el presidente
y su tropa le hacen.
En Galicia los pueblos se convierten en grandes lagos y sus
ciudadanos ven cómo el agua se lo lleva todo. La tierra se
abre bajo nuestros pies y se traga los coches. Aunque la lluvia
es cosa normal aquí, este año se ha convertido en un arma
destructora bajando sin control por los montes que este verano
se quemaron descontroladamente. Los gobernantes que no fueron
capaces de prever ni atajar aquellos fuegos tampoco han previsto
ni atajado estas riadas y lo único que hacen es decir que
llueve mucho y prometer un dinero que no acaba de llegar.
Los gobernantes, en Galicia, son una unión condenada a no
entenderse que prometieron cambio y ofrecen inutilidad. Una
unión en constante pelea por salir más en las fotos, por contradecirse
y por ver quién desbarra más buscándole nombre a esta tierra
que se quema, que se ahoga y que se abre. Una unión presidida
por alguien que no hace tanto tiempo dijo que "la Galicia
de futuro que podemos alcanzar no es un país que se pueda
liderar desde el nacionalismo" y que, poco después, cedió
el liderazgo a los nacionalistas, atándose a ellos a cambio
de pisar moqueta.
En España, el presidente de todos no hace más que hablar de
un proceso de paz del que lo único que conocemos es que ETA
se está rearmando, que roba armas y coches, que sigue extorsionando
y sembrando el terror por las calles y que sigue exigiendo
lo que siempre exigió. Y cuando la sociedad sale en masa histórica
a la calle para decirle que así no, ese mismo presidente les
advierte de que no le "torcerán" y les contesta
con un nuevo ejemplo de su fijación por manipular y mentir,
esta vez en formato video. Por primera vez, el presidente
de todos se enfrenta a las víctimas de los asesinos en vez
de enfrentarse a los asesinos de las víctimas. El bien y el
mal andan confundidos.
Los gobernantes, en España, también prometieron cambio. Cambio
de formas y mucho talante. La directora de la Biblioteca Nacional,
gran defensora de ese cambio y del talante, llama ³delincuentes²
a unos funcionarios de la institución que dirige y "obscena"
a la prensa que critica su gestión. Peor suerte corrieron
otros funcionarios que osaron contradecir por escrito la versión
de los gobernantes sobre aquellos atentados de los que ya
no quieren acordarse, que acabaron imputados por falsificación
después de que fueran los gobernantes los que falsificaran,
vía típex, su escrito.
En Cataluña, la Generalitat rechaza el ingreso en su funcionariado
de cualquiera que no tenga el nivel "c" de catalán.
También persiguen, vía multa, a comerciantes o empresarios
que, entre las dos lenguas oficiales de esa comunidad, prefieren
el castellano para los rótulos y la papelería de sus negocios.
Y la persecución llega a los colegios, donde el castellano
es un idioma maldito y se prohíbe hablarlo incluso en los
recreos mediante circular oficial.
Los gobernantes, en Cataluña, son un tridesgobierno recién
reeditado que también presume de talante, aunque carezca de
talento, y de progresismo, aunque en la práctica ejercen la
imposición y no manejan más argumentos que la castellanofobia
y el antiespañolismo. Lo preside, ahora, un señor de Córdoba,
que no sólo no tiene el nivel "c" de catalán, sino
que apenas habla ese idioma, aunque ha prometido aprenderlo,
y que se ha nombrado a sí mismo portavoz, suponemos que para
hacer prácticas.
Son, estos, retazos de un panorama que es aún más amplio y
desolador. Tanto, que no me extraña que la tierra se abra,
escasa ya de tragaderas. Y, en medio de todo este paisaje,
Pepe Blanco, desde las alturas a las que ha llegado, sigue
desbordando ingenio y haciendo gala de su inconmensurable
intelecto en sus críticas a la oposición. Ahora canta zarzuela,
o la recita. Todo lo que se le ocurre para demostrar que su
partido está muy por encima del que ya le alcanza es acudir
a la Verbena de la Paloma e intentar hacerse reír a sí mismo
diciendo no sé qué de la indumentaria intelectual de Rajoy.
Que ese prodigio de la elegancia pretenda dar lecciones de
indumentaria es como un chiste malo, pero que quiera darlas
de intelectualidad, vamos a dejarlo.
Algo está pasando, y no huele bien. Todo está más revuelto
que nunca, los malos se convierten en buenos y los buenos
en malos, los que llegaron al poder en nombre de la verdad
mienten, los que nos prometieron talante pierden las formas,
no paramos de sufrir desastres, no dejamos de aguantar a desastrosos.
Y, lo que es peor, de todo lo dicho, lo único que no sorprende
son las genialidades de Pepiño. Desde luego, algo está pasando
en nuestra sociedad.