Preparados.
Galicia tiene sus montes preparados para ser quemados cada año.
Lo ha dicho el presidente Touriño en el Parlamento, aún no sé si
como anuncio de un logro, como muestra de que ha perdido el norte
o como simple disparate para meterle el dedillo en el ojo a sus
socios de Gobierno. Porque la cosa ha venido a colación de la insistencia
del BNG en pedir las competencias en salvamento marítimo, aprovechando
que el Ostedijk pasaba por Galicia. A lo que la reina madre del
bipartito ha venido a contestar que no por tener más competencias
se gestionan mejor las crisis. Y, si no, ha venido a añadir, que
vean los nacionalistas lo que pasa con los incendios forestales,
que son cosa de ellos: que las competencias están aquí y el desastre
también, porque manda Galicia en el tema y manda carallo cómo arden
los montes. Y ha dejado entrever que la cosa va a seguir igual de
mal a pesar de que, en una de las habituales contradicciones y cambios
de opinión de este bicéfalo Gobierno, se va a ampliar notablemente
el presupuesto destinado a extinción, tal como anunció el propio
Touriño. Porque el mismo propio acaba de anunciarnos también que
nuestros montes siguen preparados para ser pasto de las llamas.
Empiezo a pensar que esa especie de esquizofrenia en la que parece
andar cada vez más inmersa nuestra Xunta por el desencuentro de
sus dos pedazos está afectando preocupantemente a sus miembros.
Eso explicaría que lo que el yo presidente se empeñó en negar cuando
le convenía no soliviantar a sus circunstancias, esto es, la nefasta
gestión gubernamental de la crisis incendiaria del pasado verano,
lo reconozca ahora, en un momento en el que lo que le conviene a
su yo es darle a sus circunstancias una patada en el trasero. O
sea, que Touriño se permite decir un día que su Gobierno lo ha hecho
fenomenal en lo de los fuegos y otro que los del Bloque de su Gobierno
lo han hecho fatal, según le dé el aire. De la misma forma que,
cuando le pareció oportuno, propuso en su programa electoral profundizar
en el autogobierno y ampliar las competencias de la comunidad autónoma
como cuestión fundamental para dar respuesta a las necesidades de
los gallegos y hoy dice que lo de tener más competencias no es tan
importante para hacer frente a algunas de esas necesidades, como
por ejemplo, gestionar una crisis. Una cualidad, la de proclamar
un día una cosa y otro día su contraria, que comparte con esas circunstancias
que son su otra parte, porque también Suárez Canal dijo el pasado
verano que los montes gallegos no necesitaban al Ejército español,
días después lo mandó llamar y hoy mismo ha apostado por su despliegue
generalizado en la próxima lucha contra los incendios. Listos.
No digo yo que no sea esa una forma como otra cualquiera de evitarse
preocupaciones, porque entiendo que ser coherente con tus socios
de Gobierno, con tus socios de siglas en el otro Gobierno, el central,
y encima contigo mismo tiene que ser muy complicado. Pero no sé
si se dan cuenta de que lo que están consiguiendo es dejar cada
vez más preocupados a los ciudadanos. Oírle decir al presidente
que Galicia tiene el monte preparado para ser quemado produce escalofríos.
Oírselo decir después de haberle oído cantar las excelencias de
la gestión de los responsables en materia forestal produce desconcierto.
Saber que dice lo uno o lo otro según le interese en cada momento
amigarse o distanciarse de sus incómodos compañeros de viaje en
coche oficial produce indignación. Y pensar que el presidente que
pone el fracaso en lo de los incendios como ejemplo de lo que puede
significar que ellos tengan las competencias sobre una materia es
el mismo que reivindica ante el Gobierno central la transferencia
de las relativas al tráfico en las carreteras produce, cuando menos,
desasosiego.
Y, todo junto, produce ganas de echar a correr. O de pensar que
lo mejor sería que corrieran ellos. Y les dejaran el sitio a otros.
Ya.