Cuanto
más progres quieren parecer, más retrógrados me parecen. Están tan
pagados de sí mismos, tan convencidos de ser los únicos poseedores
de la verdad, que yo creo que ni se escuchan. Y hacen bien, porque
hay que oír las cosas que dicen. Me refiero a algunos de esos progre-plumillas
que creen que ser megáfonos del poder actual es la personificación
máxima de la libertad y la independencia y que se consideran a sí
mismos el colmo de la intelectualidad de este país sólo porque han
alcanzado sin mucho esfuerzo ese nivel de sabiduría que les permite
hacer de la simplificación máxima una línea de pensamiento y de
la estupidez absoluta una corriente de opinión.
Me refiero a gente como Margarita Sáenz Díez, para quien una madre
de familia, según ha dicho en una reciente tertulia televisiva,
no puede pedir la ilegalización del Partido Comunista de las Tierras
Vascas a no ser que esté manipulada. Así que, según su tesis, si
Toñi Santiago, la madre de la niña asesinada por ETA en Santa Pola,
criticó la política antiterrorista del Gobierno y pidió que el PCTV
fuera ilegalizado durante la concentración de la AVT del pasado
sábado, fue por orden del Partido Popular. Porque es evidente, vino
a decir, que ese ámbito de reflexión le queda grande a una mujer
de su condición. Hacía tiempo que no escuchaba una afirmación tan
carca y tan propia del conservadurismo más rancio. Y luego dicen
que los de la extrema derecha son los otros.
O sea que, según esta periodista defensora de los ideales progresistas,
tales como la libertad de opinión y de expresión, la erradicación
del clasismo o la igualdad de géneros, una persona que, encima de
ser mujer, tiene hijos y no pertenece a ninguna élite profesional
o social, no puede pensar y no tiene opinión propia. Le ha faltado
decir a la Sáenz Díez que una mujer como Toñi Santiago sólo puede
dedicarse a sus labores, a cuidar de su casa y de su familia, pero
que no tiene capacidad para formarse una opinión sobre lo que ocurre
a su alrededor, ni siquiera sobre lo que le afecta directamente,
como es la lucha contra los que mataron a su hija. Y, por lo tanto,
si habla de ello tiene que ser necesariamente "inspirada"
por alguien.
Podríamos pensar que si, en lugar de ser "sólo" una madre
a la que le han arrancado una hija, Toñi fuera, pongamos por caso,
redactora-jefe de un periódico o tertuliana en programas de televisión
o las dos cosas a la vez, doña Margarita le concedería el privilegio
de opinar y no la llamaría tonta, que es lo que en definitiva ha
hecho. Pero me temo que no sería así. Porque lo que le molesta de
verdad a esta periodista, como a todos sus compañeros de navegación
en la filosofía de la simplificación estúpida, no es que la gente
piense, sino que no piensen como ellos. Lo que en Toñi Santiago
es considerado osadía, esto es, hablar de política, en otras personas
como Pilar Manjón, también mujer, también madre de familia, también
anónima hasta que las circunstancias la sacaron del anonimato, es
digno de admiración y del respeto que a la otra le niegan. Como
la primera criticó al Gobierno actual, es una maruja que habla por
boca del PP. Como la segunda criticó al anterior Gobierno, ya en
su intervención-estreno ante la comisión del 11 M, es una persona
ejemplar que por supuesto habla por sí misma.
Y a los simplificadores de opinión se les sigue llenando la boca
criticando la manipulación, esa cosa tan fea que ellos nunca practican,
no hay más que escucharlos o leerlos. Lo suyo es la libertad. La
libertad de elegir entre pensar como ellos o quedarte en la cocina.
Tantos años de avance para que estos progresistas nos hagan retrogradar
tanto.