Hay
publicaciones que el tiempo y las circunstancias se encargan en
acabar convirtiendo en tebeos. Buceando en la página web del BNG
(que nadie se asuste, conozco aficiones peores) he encontrado una.
La editaron en diciembre de 2004, con motivo de cumplirse quince
años de Gobierno del PP en Galicia, para mostrarnos a todos lo nefasto
de la gestión de dicho Gobierno en todo ese tiempo, lo malísimos
que eran y las malas artes que se gastaban. Que era tanto como mostrarnos
lo inútiles que habíamos sido los gallegos, con el agravante de
la reincidencia, por haberle dado a los populares nada menos que
cuatro mayorías absolutas a pesar de toda esa maldad explicada en
el folleto. Toda esa maldad que, por otra parte, tampoco debía ser
para tanto porque, al fin y al cabo, cabía en ocho páginas.
El caso es que algunas de las perlas de ese panfleto mueven a un
humor agrio al contrastarlas con la realidad actual y con hechos
concretos protagonizados por algunos de los que ahora ocupan la
Xunta. Leo en una de sus páginas, por ejemplo, una crítica al autoritarismo
del anterior presidente y su Gobierno que, según los del Bloque,
llegó a "límites insospechados" y, frente a esa forma
de gobernar, los nacionalistas prometían, entre otras cosas, acabar
con la utilización de las instituciones como una propiedad privada.
"Vamos a poner fin a la prepotencia con los débiles y a la
sumisión con los poderosos".
Está claro que el Secretario Xeral de Relacións Institucionais,
dependiente de la Vicepresidencia de Quintana, no se leyó esa publicación.
En realidad, parece que no se la leyó ni su jefe. O por lo menos
no la recordaba cuando supo de la demostración de talante y humildad
que hizo Antón Losada el otro día en los pasillos de San Caetano,
cuando a alguien se le ocurrió tocarle el cartel. Del "yo ordeno
y mando porque sí" al "usted no sabe quién soy yo",
el alto cargo de las relaciones, institucionales para más inri,
hizo un repaso más que ilustrado, frente a funcionarios y policías,
de una soberbia "al más viejo estilo", una actitud que,
en otros tiempos, era para los nacionalistas sólo propia de otros
y una prueba de la necesidad de un cambio en el Gobierno.
Así se argumentaba en esa publicación, reducida ahora a tebeo por
los gritos de Losada y por el silencio de quien lo nombró, a quien
parece no importarle nada que las buenas intenciones que otrora
derrochaban en escritos y discursos se pisoteen ahora con tal descaro.
Y tampoco parece preocuparle mucho la cosa al presidente Touriño,
que se ha limitado a calificar los hechos de "incidente lamentable"
y a esbozar una tímida e indirecta regañina a su protagonista, recordándole
que hay que cumplir las normas, cualquiera le dice más, sabiendo
cómo se las gasta.
Esto de Internet es lo que tiene: cualquiera puede viajar en el
tiempo y comprobar que no hay que retroceder mucho para ver cuánto
retroceden los que para colmar sus ambiciones de poder prometían
tanto avance. El panfleto de que les hablo tiene más muestras de
ello, en apartados que hoy parecen verdaderas tiras cómicas. Uno
de ellos, por ejemplo, garantiza que los nacionalistas practicarían
la tolerancia cero con los incendios, ay qué risa, y que priorizarían
las tareas de prevención en lugar de invertir tanto en extinción
como hacían los otros. Y como han tenido que hacer ahora ellos,
después de su estrepitoso fracaso. También hablan de que Galicia
necesitaba un cambio nacionalista para tener un Gobierno que sienta
respeto por ella y que haga que sea respetada. Justo lo que han
hecho con el tema de los incendios forestales y su informe embustero
que ha logrado que Europa no nos dé ni un euro. Y en otro, no se
lo pierdan, se comprometen a acabar con las listas de espera. Pero
nada como ese otro en el que prometen acabar con la propaganda los
mismos que ahora llenan las ondas de anuncios de "la vicepresidencia
de Anxo Quintana". Claro que, en el mismo epígrafe, dicen que
si ellos gobernaran los medios de comunicación públicos serían independientes,
yo es que me parto.
La verdad es que todo eso es un reír para no llorar. Porque, en
realidad, los que de verdad se están riendo son ellos. Van de progresistas
y actúan como caciques. Hablan y hablan de respeto y tolerancia
para esconder su sentimiento totalitario. Hacen lo que les da la
gana y no dan cuentas a nadie. Toman decisiones que antes criticaron
con insidia. Iban a traer cambio y los que han cambiado son ellos.
Mintieron sin pudor para hacernos vivir la mentira mayor. Han dejado
que sus promesas se las lleve el viento, porque ya no les sirven
para nada. Y las que quedan por escrito, pues eso, vistas ahora,
parecen de tebeo.