Así como los del PP andan indignados con el resultado de la
comisión parlamentaria de estudio sobre los incendios del
pasado verano, mi vecina la del quinto y otros cuantos que
conozco han respirado muy tranquilos al conocerlo. Ninguno
de ellos ha sido culpado de los fuegos de agosto en las conclusiones
finales. Y eso, dado el amplio abanico de presuntos incendiarios
que manejaron en su momento los yomeloguiso-yomelocomo del
bipartito, no es poca cosa. Por de pronto, es el único alivio
que los ciudadanos podemos extraer del arduo trabajo de los
diputados. Es posible que a mi vecina y a los otros les sobrara
preocupación, pero lo que es seguro es que a los de BNG y
PSdeG les falta vergüenza.
Sobraba preocupación, como sobraba trabajo parlamentario,
porque ya se sabía que la culpable de la mala gestión de este
Gobierno iba a ser la oposición, qué cosa más lógica. El proyecto
de dictamen ha venido a concluir que la catástrofe del verano
se debió a lo malo que era el servicio contraincendios que
había montado el Gobierno anterior. Lo que no dice el informe
es que ese servicio funcionó con eficacia durante quince años,
eficacia que incluso los socialistas gallegos reconocieron
en más de una ocasión en el Parlamento. Y, qué casualidad,
se descubre que es malo este año. Tal vez los integrantes
de la comisión de estudio hayan pasado por alto el hecho de
que un servicio como ese no es un ser pensante y con vida
propia, sino que es un planteamiento de organización cuyo
funcionamiento depende de las personas que lo dirigen, de
las que lo integran y de las que lo reorganizan a su manera.
Y que es ahí donde habría que buscar culpables.
Atrás quedan los tiempos, qué puñetera es la hemeroteca, en
los que Quintana pedía la dimisión del conselleiro del ramo
"por un efecto de dignidad política", porque "se
niega a aceptar la realidad y su propia incompetencia"
y "ante los resultados de su gestión", en un año
en el que, comparado con el presente, los fuegos en los montes
fueron poco más que hogueras de San Juan. Eran los mismos
tiempos en los que los de Touriño decían que había que dejarse
"de bromas y de cachondeos con la semántica" cuando
se hablaba de la intensa actividad incendiaria registrada
para explicar lo que ocurría en los montes en verano. Ahora
esos mismos firman un informe que habla de "actividad
incendiaria desaforada" considerando esa conclusión como
semánticamente seria. Podrían haber explicado, por otra parte,
si los incendiarios son de generación espontánea, porque parece
ser que "los hay ahora, pero no los había antes",
como preguntaba hace unos seis años un socialista que fue,
por cierto, responsable de la cosa forestal cuando la otra
gran quema, la del 89. Pero no.
Antes decían que eso de que los incendios eran provocados,
se plantaban de noche, cerca de las casas y donde más daño
pudieran hacer no era "nada nuevo". Ahora, a todas
esas circunstancias les llaman "situación excepcional
y no previsible". Y cuidado con rechistarles, porque
ellos dicen que criticar su gestión es utilizar "partidariamente"
la crisis de los incendios y hacer "pornografía política".
Lo dicen ahora, porque antes, en cambio, decían, lo decía
una diputada del BNG, que acusar a la oposición de querer
sacar provecho político del tema de los incendios era cosa
de "buitres, porque sólo los buitres miden en rentabilidad
la catástrofe" y "cree el ladrón que todos son de
su condición". No deja de sorprenderme lo fácilmente
que se puede dar vuelta a la tortilla.
Lo peor es que, en esos otros tiempos, Quintana aseguraba
que para acabar con los incendios el PP sólo miraba al cielo
"esperando a que llueva, y cuanto más, mejor" y
ahora parece que eso es lo que han hecho los suyos y se han
pasado. Pero eso no es problema; sólo hay que montar una comisión
y elaborar otro informe surrealista que concluya que la culpa
de las inundaciones también es de los mismos.
Lo del bipartito me recuerda cada vez más a aquel viejo chiste
en el que el recién nombrado director general de una empresa
recibe de su predecesor tres sobres numerados con el consejo
de abrir cada uno de ellos, por el orden de su numeración,
cada vez que le surgiera un problema que no fuera capaz de
resolver. En su primera crisis de gestión, el nuevo director
abrió el primer sobre y leyó: "échale la culpa a tu predecesor".
Parece claro que los de Touriño y Quintana abrieron el primer
sobre nada más tomar posesión de sus cargos y lo utilizan
hasta desgastarlo. Lo tendrán más difícil, dado su régimen
matrimonial, para seguir el consejo del segundo sobre, esto
es, "reorganiza". Pero a estas alturas no me cabe
duda de son capaces de lo que sea con tal de no tener que
cumplir la advertencia contenida en el tercer sobre del chiste:
"prepara tres sobres". Y es que el director de la
historieta no sabía que para quitarse un problema de encima
y quedar como el más bueno de la película no hay nada mejor
que crear una comisión. Aunque sea de chiste.