Malditos
fantasmas. Los muertos que tanto empeño pusieron los actuales miembros
de la Xunta cuando eran oposición en colgarle al anterior Gobierno
gallego parecen haberse convertido en espíritus malignos que vienen
a incomodar su ya incómoda estancia en San Caetano.
Primero fueron los incendios del pasado verano, el peor desde 1989
por culpa de la mala gestión de quienes se pasaron los últimos quince
años criticando la incompetencia de sus predecesores en la lucha
contra los fuegos forestales. Cuatro muertos, cerca de cien mil
hectáreas quemadas, población desalojada, personas hospitalizadas
y situaciones de pánico y desamparo fueron las consecuencias de
la mayor catástrofe ambiental y social vivida por Galicia en mucho
tiempo. Y los que tanta responsabilidad pedían antes a los otros
eludieron en esta ocasión la suya y pasaron la página de esa crisis
como si nada hubiera ocurrido.
Vinieron después las riadas, y volvieron la desastrosa gestión,
el desamparo, la descoordinación y la ausencia de responsabilidad.
Y ahora es el fantasma del Prestige el que se revuelve amenazante
desde la cubierta del Ostedijk para sacar a flote la contradicción
que caracteriza a estos tipos, la mentira en la que se apoyaron
para llegar al poder y la hipocresía que supone que el único cambio
que han propiciado es el de su actitud antes y después de ocupar
el sillón.
Cuando lo del petrolero, se erigieron en expertos para atacar la
decisión de alejar el barco, que consideraron el peor de los errores
y la causante de la dimensión de la catástrofe. Ahora deciden alejar
el buque holandés de la costa y rechazan acercarlo a puerto, decisión
que Touriño califica como "la mejor opción". Criticaron
entonces el "paseo" al que se sometió al barco averiado
que soltaba chapapote. El Ostedijk lleva tres días dando vueltas
y cambiando de rumbo cerca de nuestras costas emanando gases. Acusaron
a los Gobiernos del PP de que la gestión de la crisis del Prestige
recayera en cargos políticos. El gabinete de crisis creado para
este caso está formado por prácticamente los mismos cargos que entonces
e incluso por alguna persona que formó parte de aquel tan criticado,
sin que sepamos qué expertos técnicos avalan las decisiones.
En aquellos negros días de 2002 consideraron una falta de honradez
y de transparencia y una clara intención de engaño la ausencia de
información precisa, las supuestas contradicciones entre miembros
de los ejecutivos central y autonómico y las declaraciones de tranquilidad.
Hoy no sabemos muy bien qué pasa con ese carguero lleno de fertilizantes
en descomposición porque la poca información que dan es más bien
confusa. El delegado del Gobierno se apresuró a afirmar que la carga
en deterioro no entrañaba ningún peligro para el medio ni para las
personas, poco antes de que cuatro de los tripulantes tuvieran que
ser hospitalizados. Touriño asegura que la situación es estable
y que no hay riesgo de contaminación, casi al mismo tiempo que la
ministra de Medio Ambiente habla de "riesgo patente de contaminación".
No sabemos la verdad de lo que ocurre ni de lo que puede ocurrir,
ni sabemos a qué atenernos.
Pienso en los incendios de agosto, en los muchos ciudadanos que
se vieron desprotegidos, que tuvieron que apagar las llamas con
sus propios medios, que veían la catástrofe a las puertas de casa
sin que nadie acudiera a ayudarlos; pienso en las inundaciones,
en la gente que lo perdió casi todo, en los que se vieron con el
agua al cuello sin que las autoridades fueran capaces de echarles
una mano y que siguen esperando las ayudas prometidas. Pienso en
el Ostedijk y temo. Y cuando pienso en todo ello, recuerdo unas
palabras: "gobernar Galicia de otra manera, caracterizada por
el respeto y la confianza, por la proximidad y la transparencia,
por la eficacia y el consenso". Las dijo Touriño en el Parlamento
en diciembre de 2002, con motivo de las mociones de censura planteadas
a Fraga por su partido y el que con él cogobierna ahora. Lo dicho,
malditos fantasmas.