Mucho me temo
que la relación de pareja de mi vecina la del quinto y su Manolo
acaba de ser sometida a una dura prueba desde la Vicepresidencia
de la Xunta, qué manía tienen estos de meterse en la vida ajena.
Entre confundida y acongojada me la tienen desde que se ha leído
la guía esa sobre la violencia de género que han publicado los de
Quintana, qué manía tienen estos de gastar nuestro dinero en folletos,
y que para mi sorpresa todavía no ha sido convertida en anuncio
radiofónico, qué manía tienen estos de llenar las ondas de publicidad.
O a lo mejor sí y yo no me he dado cuenta, porque últimamente una
se pierde en el aluvión de anuncios de la Xunta, que llega a rayar
en lo agobiante. Nunca tanta publicidad institucional hubo en la
radio y en la tele como ahora que gobiernan los que tanto criticaron
el supuesto despilfarro propagandístico de los que gobernaban antes.
Y nunca mi vecina hubiera pensado que esos pellizcos traviesos que
de vez en cuando le regala su Manolo más picarón debiera considerarlos
una agresión en lugar de una muestra de atracción y hasta de cariño.
Por no hablar de esos mordisquitos que al propio le gusta darle
en el cuello y en otras partes que mejor no menciono, no vaya a
ser que lo denuncien. Que una de dos, dice la del quinto: o bien
quienes han elaborado la guía esa tienen una vida sexual muy triste
o ella ha vivido engañada todos estos años pensando que, aun pasado
el tiempo y llegada la rutina, quedaba algo de ardor en su matrimonio
cuando, en realidad, lo que debiera haber pensado es que estaba
compartiendo casa y cama con un proyecto de maltratador.
Y es que meter pellizcos y mordisqueos en el mismo párrafo que puñetazos,
patadas, palizas, intentos de estrangulamiento, lanzamiento de objetos
o heridas con arma, pues le mete a una, cuando menos, la duda en
el cuerpo. Y así anda de compungida mi vecina, que por un lado confiesa
disfrutar con las travesuras de su marido, pero por otro, por el
de la guía, empieza a pensar en cuántos actos de violencia machista
no empezarían con una palmadita en el culo no denunciada a tiempo.
Si añadimos, además, la manía que tiene Manolo de expresar lo poco
simpáticas que le caen la Loli y la Paqui cada vez que su mujer
queda con ellas, o esa costumbre suya tan machista de sugerir que
compre más sardinas y menos merluza porque hay qué ver qué precios
y qué rojo pasión están los números de la cuenta familiar, o su
terquedad en comentar que a su mujer las mechas no le favorecen,
pues no te digo nada el perfil que se le pone al marido de mi vecina.
Porque eso, según los de la Vicepresidencia de su propio bienestar,
es de una violencia psicológica similar a una amenaza de muerte.
Todo en el mismo apartado. Que se pregunta mi vecina por qué lo
contrario, o sea, que ella se meta con los amigotes de Manolo o
le diga lo espantoso que se ve con esa camisa de rayas que tanto
le gusta ponerse no se considera una manifestación de violencia
emocional si de lo que se está hablando, al fin y al cabo, es de
igualdad. Y tampoco entiende quiénes son los de Quintana para decirles
a las mujeres que pueden quemar la Visa sin que sus parejas puedan
decir un triste no llegamos a fin de mes.
La experiencia dice que una de las características que presenta
una mujer maltratada es el de sentirse confusa. Gracias a esta "Guía
práctica frente a la violencia de género", la confusión se
va a extender a todas las demás, dada la ligereza con que el folleto
aborda lo que, en teoría, es la definición de maltrato. En cuanto
al resto de las informaciones que incluye, ilustradas con esquemas
ya no confusos sino para perderse del todo, me da a mí que la mayoría
de las afectadas ya las conocen, como conocen también la escasez
de efectos prácticos que tienen. Lo que ellas esperan es que las
denuncias sirvan para algo, que la Justicia funcione, que la acción
policial sea eficaz y que la Administración las ampare. Y no que
les expliquen a todo color qué documentos deben tener siempre a
mano, qué deben decir por teléfono cuando les atizan o lo conveniente
que resulta alejarse de la cocina.
Para luchar contra un problema tan delicado y en el que, desgraciadamente,
las víctimas aumentan, sobran folletos y faltan otras cosas. Entre
ellas, algún pellizco, por supuesto no violento, de realismo.