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El artículo

Lapsus
| Aloma Vidal |

En qué poco tiempo este hombre autocalificado como caballero de la política ha revuelto el panorama hasta convertirlo en una epopeya de tintes tragicómicos y nos ha sumido a todos en un mar de confusión, hundiéndonos sin remedio a bordo de su particular nave dirigida a golpe de lapsus.

Vivimos en un resbalón continuo desde que a este ser resbaladizo, a este caballero de la triste mueca, le otorgamos la consideración de hidalgo hace casi tres años, cuando la mayoría votante creyó ver en él al héroe caballeresco que habría de rescatarnos del dolor que nos trajo, tres días antes, una panda de criminales. Él nos devolvería la luz, nos sacaría de la mentira, lucharía contra nuestros enemigos, nos traería la paz, la libertad y la Alianza de las Civilizaciones por un puñado de votos. Aquella confianza mayoritariamente depositada en él fue, tal vez, el primer gran lapsus, la madre de todos los lapsus que estaban por venir.

Dos años y pico después no sólo seguimos sin ver la luz, sino que el horizonte aparece cada vez más oscuro. Mientras sentamos a la mesa a los criminales, la mentira nos rodea como nunca y la acusación de que eran los otros los mentirosos tiene cada día más pinta de engaño. A los enemigos les ha ofrecido ingenua hidalguía y su única lucha ha sido contra la oposición, con un encarnizamiento impropio de un caballero y un desprecio hacia una parte nada despreciable de ciudadanos inadmisible en un presidente. La paz se aprecia ahora más lejana que entonces, tras su fallida martingala de rendición, y la libertad se borra hasta de las pancartas, convertida en instrumento de desunión. En cuanto a la Alianza de las Civilizaciones, su aire de chiste patético empieza a tornarse en preocupante con iniciativas como la de acoger una conferencia sobre la intolerancia hacia la tan tolerante cultura musulmana sin que hasta el momento nadie haya acudido a lo del lapsus para explicar que, en realidad, la reunión debe tratar sobre lo contrario.

No es que este Gobierno haya perdido el rumbo, es que no lo ha tenido nunca y, en su deriva, está consiguiendo que lo pierda todo el país. La perplejidad ha sustituido a la unidad que se había logrado y que no parece que vaya a recuperarse, por culpa de su terco empeño en el error, ni a base de bombas. Los asesinatos terroristas han pasado a ser accidentes mortales como el pacto contra el terrorismo ha pasado a ser un papelito, los atentados sin muertes meras gamberradas, las extorsiones pura falacia, los zulos con quilos de explosivos proyectos de zulos en los que meter una serie de cosas, los terroristas hombres de paz y los del PP hombres de guerra. A las víctimas se las trata como a verdugos y a los ciudadanos como a niños de teta haciéndoles tragar con mantener el maldito diálogo sin saber a cambio de qué y a pesar de que los asesinos han contestado con dos muertos y matándonos a todos un poco una vez más. También ellos tuvieron, al parecer, un lapsus: no querían, aseguran, matar a nadie.

Y es que ya lo dice el presidente, todos cometemos errores. Y con lo del lapsus se ha abierto una nueva era en la que cualquier atrocidad puede reducirse a simple desliz y en la que se llama indecentes a quienes no admiten el equívoco como justificación constante de lo erróneo en lugar de a los que lo practican como forma de gobernar.

Nos están instalando en el mundo al revés. Y nos están dejando el país patas arriba. Qué manera más estúpida de abusar de la confianza que aquel día de hace casi tres años la mayoría le otorgó a aquella sonrisa de apellido Rodríguez. Lo verdaderamente indecente es pudrir así ese puñado de votos que, sacados de las aguas revueltas, consternadas y manipuladas del triste 11-M, lo convirtieron en presidente por atentado. Perdón, quería decir por accidente. Menudo lapsus.




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/01/07

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