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El artículo

La okupación de los antisistema
| Aloma Vidal |

Hace tiempo que lo venía intuyendo, pero el último alarde pijo-progre de la teniente de alcalde del Ayuntamiento de Barcelona me ha acabado de abrir los ojos. En una entrevista televisiva, y después de defender una vez más a los que optan por adquirir gratuitamente la vivienda que otro ha pagado, la concejala Mayol se declaró "antisistema", tócate los pies. Se deduce de tal declaración que esta señora está en contra del sistema del que forma parte, ese en cuyo manejo ella ejerce públicamente una parte de responsabilidad, el mismo gracias al que cobra, y muy bien, todos los meses. Se deduce, en definitiva, que esta mujer ejerce un cargo creado por e incluido en un sistema que no es el suyo. O sea, que la concejala Mayol es una okupa.

Pero, pese al rebumbio causado por sus palabras, su postura no es ni mucho menos un hecho aislado, sino una muestra del estilo general de nuestra actual clase dirigente. Como decía, hace tiempo que venía intuyendo que el Gobierno de nuestro país, los de varias comunidades autónomas (o proyectos de nación) y los de no pocos ayuntamientos, están sufriendo una especie de okupación de políticos antisistema, de esos especimenes que, como la mencionada teniente de alcalde de Barcelona, disfrutan y cobran a lo grande de un sistema que no sienten que les pertenezca.

Los antisistema gobernantes no se dedican sólo a okupar despachos, sino que desde sus kargos okupan hasta la voluntad de la mayoría, esa otra parte del sistema ante el que se rebelan y que es, sin duda, la que más les molesta de él, a pesar de que es precisamente la legítima propietaria del objeto de su okupación. No es extraño, por tanto, que sientan tanta simpatía por esos jóvenes que se instalan en pisos que no son suyos ejerciendo un "estilo de vida" que es, al mismo tiempo, una forma de demostrar su repugnancia hacia el modus vivendi de los dueños de esos pisos, esos burgueses insolidarios, o sea, su repugnancia hacia el sistema. Esos chicos con los que la Mayol está encantada de compartir barrio, ella en su propio piso y ellos en los ajenos, no son delincuentes porque, según sus declaraciones, el problema no está en que ellos incumplan la ley, sino en que la ley produce mal rollo. Por eso ella quiere cambiar las leyes y por lo mismo el Gobierno de la Generalitat, del que forma parte su pareja de hecho y suponemos que co-propietario, está pensando en castigar con un nuevo gravamen a los que las cumplen, a los que pagan con su dinero todos los gastos ­incluidos impuestos- que conlleva una propiedad para premiar a los que se las saltan y deciden vivir donde les da la gana sin pedir permiso y sin pagar un duro.

Debe resultar muy reconfortante eso de repartir buen rollo y declaraciones solidarias a lo Robin Hood desde la comodidad del despacho oficial, el coche con chófer y el sueldazo pagado, por cierto, por los ciudadanos legales. Y además es lo que se lleva. Lo que se lleva la concejala más lo que se lleva su compañero, entre los dos un dineral, que nunca la izquierda proletaria salió tan cara. Está de moda dirigir el sistema para rebelarse contra él en la tele y disfrutarlo en casa. Pero resulta que el sistema somos todos nosotros y lo que se está poniendo de verdad de moda es dejarnos a un lado.

Lo hace la representante de ICV en el Ayuntamiento barcelonés al ponerse de parte de los que incumplen. Lo hace la Generalitat al querer penar a los que cumplen. Lo hacen las autoridades de Alcorcón y el mismo Simancas al restar importancia a los graves sucesos del pasado fin de semana y al clima de miedo y amenaza que están extendiendo las bandas latinas. Lo hace Zapatero cuando prefiere entenderse con los terroristas que con la oposición o con las víctimas y cuando rechaza luchar contra los asesinos por la vía legal y policial. Como lo hacen los nacionalistas y los socialistas gallegos cuando se empeñan en aprobar un Estatuto que defina a Galicia como nación en contra de la opinión y el deseo, según las encuestas, de la inmensa mayoría de sus ciudadanos. Lo hacen todos ellos al insistir en echarnos a nosotros la culpa de que ellos no solucionen los problemas. Si hay mucha gente que no puede adquirir una vivienda digna no es porque los gobernantes no articulen soluciones, sino porque hay otra gente que sí las tiene. Si hay altercados con los okupas no es porque las autoridades no pongan orden y apliquen la ley, es porque los dueños de los pisos que quieren okupar se niegan a que los okupen apoyándose en una ley de muy mal rollito. Si hay reyertas con bandas de inmigrantes es porque los de aquí somos xenófobos. Si ETA ha vuelto a matar es por culpa de los muchos que nos negamos a dialogar con ellos. Si no tenemos estatuto nuevo los culpables somos los muchos que no queremos ser nación. Si se nos queman los montes es porque no los limpiamos, o porque estamos en contra del nuevo Gobierno, o porque nos sentimos despechados. Si se nos inundan los pueblos es porque construimos donde no debemos.

La lista es muy larga, es casi una constante. A los ciudadanos se nos acumulan las obligaciones, mientras se nos merman los derechos. Porque ellos, los antisistema del poder, están muy okupados en culparnos de todo y en luchar contra nuestra injusta existencia.

25
/01/07

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