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Estilo
de vida
| Aloma Vidal |
No veía a mi vecina la del quinto tan alterada desde aquel día en
que se le ocurrió escuchar a Pepe Blanco dos minutos enteros. Me
la he encontrado en el portal rebosante de un estrés que más parecía
un escuatro por lo contundente de sus gestos y lo rabioso de sus
comentarios.
Viene su desesperación por la idea que tuvieron ella y su Manolo
de meter al segundo de sus hijos, 16 años de trayectoria díscola
y holgazana, en la senda de la cultura y la formación de la mente
y el espíritu. Vamos, de intentar que hiciera algo más provechoso
que saltarse las clases para ir a los billares, tumbase a la bartola,
batir récords en los videojuegos, destrozarse los tímpanos con el
bakalao o ver los partidos de Liga. Maldita la hora, me decía mi
vecina, en que se les ocurrió hablarle al niño de la conveniencia
de leer, de informarse, de saber lo que ocurre en el mundo y construirse
así una conciencia propia sobre él y sus circunstancias y una idea
de su existencia en un futuro próximo.
Maldita la hora, porque al niño le ha dado, en los últimos meses,
por leer la prensa y ver los telediarios. Y ayer mismo les comunicó
que ya tiene claro su futuro, en una especie de discurso lleno de
palabras que seguramente ni él entendía pero que sonaban muy progres
y modernas, de frases con aire de titulares y de párrafos con poco
sentido que, aun juntándolos con la mejor de las intenciones, no
decían nada. De tal forma que a su madre le pareció estar escuchando
al mismísimo Zapatero en un mítin, pero sin aplausos.
El niño ha decidido emigrar, con la tranquilidad de conciencia que
da saber que a los de la Xunta no les va a parecer mal, que también
se va Pescanova y aquí no pasa nada. Tras empaparse de esta extraña
actualidad que nos rodea, el chico ha decidido emigrar a Cataluña,
ese chollo, como él la definió. Lo tiene todo planeado, porque en
estos días cualquier cosa, por trascendental que parezca, puede
planearse en dos patadas y sin necesidad de entretenerse en medir
consecuencias, tal como él ha aprendido siguiendo a través de los
medios la aventura del presidente Rodríguez y su proceso de paz.
En Cataluña acogen muy bien a la gente de fuera, no hay más que
ver a Montilla. Y encontrar trabajo no será problema: mientras que
en cualquier parte te piden formación universitaria e incluso algún
master hasta para ser chico de los recados, allí puedes ser presidente
de la Generalitat sólo con el Bachiller. Y si no tienes ningún título,
siempre te queda ser presidente del Parlament, que tampoco es mal
negocio. Y en cuanto a las suspicacias por la cosa del idioma, tampoco
es problema, porque lo de exigir el catalán se queda únicamente
para los mediocres que tienen por toda aspiración ser funcionarios,
pero para llegar más arriba no hace falta, para eso cuentan otros
méritos, desconocidos pero otros.
Y lo mejor de todo es lo de la vivienda: mientras gran parte del
país vive para pagar una hipoteca, en Cataluña sólo hay que echarle
el ojo a un piso, esperar a que sus dueños salgan a pasear al perro
y meterse dentro. Y si se les ocurre volver, se les denuncia por
intromisión en la intimidad y mientras se resuelve el asunto, a
disfrutar del hogar. Que para eso allí hay unos políticos majos
de verdad, que consideran que los okupas son unos buena gente que
cumplen esa misión tan social de quitarle la vivienda al que la
paga para dársela al que no la quiere pagar. Y que en lugar de invertir
dinero de sus presupuestos públicos para construir espacios culturales,
los montan en la salita de estar del prójimo que invirtió sus ahorros
en un inmueble, y todo eso que se ahorran. Es lo que la ministra
del ramo, la tal Trujillo, llama "un estilo de vida".
Un estilazo, diría yo, eso de penar la propiedad y premiar la usurpación,
de convertir al delincuente en víctima defendible y a la víctima
en indefenso cuasi delincuente.
Un estilo de vida que le tienta mucho al chaval de la del quinto
y a sus amigos, que están pensando en emigrar en grupo y, si las
cosas no van del todo bien, convertirse en gamberros de altura,
lo suficiente como para que en el paraíso catalán les puedan considerar
"asociación cultural", como a los Latin King, que esparcen
su contribución a la cultura a navajazo limpio, con espectáculos
como el "hecho puntual" del otro día en Alcorcón. Hacer
de las suyas pero con apoyo oficial y pasar después la gorra pidiendo
fondos para la causa con un cartelito, eso sí, en catalán, no vaya
a ser que les multen.
A esa cultura es a la que vamos de cabeza como continuemos en manos
de tan cultos políticos. A la de las bandas, la del arte okupa de
la quema de contenedores y destrozos callejeros, a la del botellón
y a la del cuanto menos esfuerzo mejor. Temblores me entran cuando
pienso que estos son los inventores de la asignatura de ³Educación
para la Ciudadanía". Mi vecina y su marido han comprendido
que su hijo sigue lo mismo de vago y maleante que siempre, pero
ahora se siente más apoyado y respaldado en su convencimiento de
que la vida no hace falta ganársela, que es mucho más fácil chupar
de la de otros. De haberlo sabido le hubieran recomendado que limitara
su formación a leer a cualquiera, incluso, mira lo que te digo,
a un Suso de Toro o a un Manolo Rivas. Para este estilo de vida
que se impone, iría sobrado.
23/01/07
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