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Lo
bonito del Vanidades
| Rodrigo Solís |
"El Hombre no
será realmente libre hasta que el último rey sea estrangulado con
las entrañas del último cura ."
-Denis Didero.
Hay veces en las que hay que ver para creer; el problema es que
la gente es tan idiota que simple y sencillamente ha perdido la
capacidad de ver. El otro día hojeaba las páginas del Vanidades
publicación que llega puntualmente cada quince días a casa de mi
tío con la palabra "Señora" en vez de "Señor" precediendo a su nombre-,
y no puedo dejar de escandalizarme cada vez que leo su contenido.
Porque, aunque usted no lo crea, la revista también está hecha para
ser leída. Es difícil, lo sé. Leer más allá de los encabezados es
toda una proeza. Resulta más cómodo y llevadero imaginar mediante
las secuencias fotográficas que aparecen en las páginas la última
borrachera del príncipe Harry (el pequeño de Lady Di, -que por cierto
es sospechosamente parecido al amante de la finada-). William, el
hermano mayor y heredero al trono, por otro lado, es un tipo más
formal. Al menos así lo dejan ver las fotografías: incluso ya tiene
menos cabello que el padre, y se rumora que formalizará su relación
con esa bonita chica llamada Kate que es su novia, la cual según
dicen tiene más "estatus" que la novia sudafricana del hermano menor,
y por ello es la candidata perfecta para ser la futura Reina de
Inglaterra.
No sé los ingleses, pero si yo fuera un súbdito de la Reina, ahorraría
cada mes un poco de dinero para algún día comprar una bazuca. Katabum.
Un certero cañonazo al palacio de Buckingham. A mi me reventaría
ser inglés y ver en las revistas de vanidad a los mandatarios de
mi país pasándoselo de lo lindo de fiesta en fiesta; en partidos
de polo donde los caballos valen más que la vida de uno mismo; de
yate en yate, y mejor ahí le paro para evitar que me salgan piedras
en el hígado.
"Y qué tiene de malo, son jóvenes, que se diviertan los retoños
de Lady Di", dirán las señoras de sociedad. Pues no, a mi me sulfura
verles cada lunes pasándosela bomba; ver como Harry con una sonrisita
pícara estruja las tetas de una chica que tiene unas tetas que jamás
han tenido las mujeres que han accedido amablemente a permitir que
les agarre las tetas -será porque no soy Harry, "el pequeño de Lady
Di"-. Y lo que es el colmo, la gente paga por enterarse de estas
linduras en las revistas.
Les voy a contar por qué me indigna ver a estos ilustres personajes
de la monarquía o a cualquier otro hijo de monarca aún siendo mexicano
y teniendo suficientes motivos para que la cuota de mi odio esté
monopolizada por los políticos locales. El otro día tuve el privilegio
de ver una película que seguramente no han visto porque nunca llegó
al cine, y en el video club la peli debe estar cubierta de polvo,
escondida en los anaqueles que nadie mira, y eso si la distribuidora
se dignó a distribuirla. Se llama Dirty pretty things. Ignoro el
nombre que le pusieron en español, y bendita sea mi ignorancia porque
hay que ver cómo se las gastan los genios encargados de inventar
jamás de traducir- los títulos en español para las películas bautizadas
en algún idioma diferente al castellano. "Cosas bonitas sucias".
¿Ven que no es tan difícil, chicos?, y eso que mi inglés está para
avergonzar a mamá, que gastó una fortuna en escuelas bilingües.
Dirty pretty things narra de manera magistral el horror de vida
que llevan los inmigrantes ilegales radicados en el país de su majestad
la Reina Isabel II, que buscan encontrar no una vida similar a la
de los nietos reales William y Harry, pero sí más digna que las
que sus países de origen les pudo ofrecer. Un nigeriano, una turca,
un ruso, un chino (no dijeron que era chino, pero se llamaba Gao
Yi, así que asumo que lo era), un español y otra serie de personajes,
todos ilegales y de todas las nacionalidades que enumera la canción
"Clandestino" del grupo Manu Chau, aunque algunos tienen fugaces
apariciones, no por ello dejan de ser fundamentales en la historia.
También aparecen ingleses, no vaya usted a creer que no: dos policías
de la migra encargados de joderle la vida a la ilegal chica turca,
un delincuente (al cual le es revelada al final del filme una de
las verdades más grandes de esta mierda de mundo) y una prostituta
negra.
Ese es el bello panorama. Me encantaría contarte la película pero
no quisiera arruinártela como no lo pudo hacer la reseña que busqué
en Internet, y eso fue sencillamente porque no había reseña de la
película en todo el ciberespacio. Espero que algún día puedas verla
por ti mismo para que abras los ojos y te des cuenta de la realidad
en la que viven las personas que son "fantasmas" en los países del
primer mundo. Fantasmas que doblan turnos y tienen dos trabajos
diferentes uno más horrible que el otro- para que los principitos
puedan salir cagándose de la risa en las páginas de revistas como
el Vanidades, mientras tú añoras llevar una vida como la de esos
hijos de puta hijos de la corona sin percatarte de que la mujer
que limpia tu mierda en el baño está a punto de largarse al otro
imperio del norte en busca de una vida mejor, o, en el mejor de
los casos, y de todo corazón espero sea la segunda opción, enterrarte
un chuchillo cebollero en la espalda mientras hojeas con tu estúpida
sonrisita el Vanidades al ver orinar desde la proa de un yate a
los herederos de este asqueroso planeta.
07/05/07
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