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Frente
al terrorismo, también en las municipales (me descubro ante Teresa
Jiménez Becerril)
| Xabier Cereixo |
Teresa Jiménez
Becerril (hermana y cuñada de asesinados por ETA, en ABC): " Tenemos
derecho a una ciudad que funcione, pero también a vivir en un país
donde no te maten por hacer política". [...] "No disfrutaremos viendo
nuestros barrios limpios si no evitamos que quienes los mancharon
de sangre inocente se paseen por ellos con la cabeza alta".
Hay ocasiones, y ésta es una de ellas, en que casi ni merece la
pena añadir nada a las palabras que con tanta claridad, dignidad
y pertinencia nos ofrece alguien a quien la cara más pútrida de
la política ha colocado en una de esas situaciones límite de la
vida en dónde los seres humanos reaccionan sin poder ocultar lo
que verdaderamente son, mostrando su grandeza, su mediocridad o
su mezquindad.
Ante tanto espectáculo penoso, protagonizado por tipejos sin la
menor categoría -personajillos ínfimos a los que incomprensiblemente
hemos convertido en relevantes personajes públicos- de los cuales
no podemos, cada día, en cada telediario, observar sus actos o escuchar
sus opiniones, sin notar a nuestro estómago a punto de darse la
vuelta, la mera existencia de personas como Teresa Jiménez Becerril
le devuelve a este ciudadano el orgullo de pertenecer a la especie
humana y de ser un hombre libre en un país como España, donde a
su obvia parte oscura aún se le opone una parte lunimosa que se
niega a rendirse cobardemente a esa inmoralidad -oficial en el régimen
zapateril vigente- de dar a los terroristas políticos el estatus
de interlocutores de la sociedad española.
A quienes dicen que lo que hoy ha de votarse es tal o cual posición
sobre un Plan General de Ordenación Urbana mientras nuestro Gobierno
insiste cada día en esa cobarde inmoralidad de dar categoría de
interlocutor de una sociedad democrática y pacífica a una banda
de criminales políticos totalitarios, con la oposición de una porción
inmensa de la sociedad a la que debe servir y a la que está obligado
a rendir cuentas más allá de lo que ocurra en unas elecciones cada
cuatro años (como él mismo defendía en la oposición), yo les digo
lo mismo que Jiménez Becerril: de eso nada, importan las cosas de
nuestras ciudades, pero importan aún más las cosas de nuestro Nación.
Y es de la Nación española de donde obtienen su legitimidad las
instituciones municipales y regionales, y nuestra Nación todavía
tiene una lacra horrible en esa pequeña comunión de sociópatas políticos
que pretenden imponer a los demás sus designios totalitarios por
la fuerza del terror, y un problema aún mayor en la dolorosa división
de opiniones respecto a cómo ha de enfrentarse esa lacra.
Si existiese una idea común y compartida en el sentido de que los
terroristas políticos deben ser derrotados política y policialmente,
puestos a disposición judicial y hacerles pagar su deuda con la
sociedad, entonces sí, podríamos preocuparnos exclusivamente de
nuestras calles y nuestros barrios. Pero mientras el Gobierno de
España considere que hay otras vías para que ETA deje de intentar
aterrorizarnos a todos para imponer su dictadura estalinista diferentes
de su total e innegociable derrota, mientras el Gobierno de España
considere que existe un conflicto de orden político entre España
y los vascos y que a ETA le asiste aunque sea una pequeña parte
de razón, mientras el Gobierno de España considere que debe negociar
con esa fanática y repulsiva secta política para que entreguen sus
armas, mientras el Gobierno de España considere que hay algunas
cosas que puede conceder en una negociación pero no considere necesario
informar a la nación acerca de cuáles son éstas, y mientras toda
la Nación se vea comprometida por la acción del Gobierno de un partido
que se presentó a las elecciones en las que llegó al poder sin anunciar
absolutamente nada de ello ni en su programa ni en sus actos electorales,
tras haber traicionado la confianza del anterior Gobierno legítimo,
mientras todo ello ocurra, ninguna elección, acto supremo de la
vida democrática, podrá ser abordada - al menos por los ciudadanos
que discrepamos del Gobierno en su política sobre terrorismo- sin
poner en primer lugar de las consideraciones que determinan el voto
a la principal amenaza que padece la democracia española, la convivencia
cívica, la dignidad moral nacional, el orgullo ético de la ciudadanía,
la justicia democrática, la igualdad ante la ley, la soberanía popular.
Una amenaza que, si bien parte principalmente de los terroristas,
se multiplica exponencialmente por la tibia actitud de muchos de
los más significativos actores de la política española..
Si nadie dudase de la necesidad de aniquilar al terrorismo político
sin ninguna concesión a la pacificación negociadora, el problema
etarra se convertiría en una especie de rescoldo histórico sin demasiada
trascendencia. Así que a los tibios yo les digo los mismo que Jiménez
Becerril, por mucho que nos acusen de hacer electoralismo con el
terrorismo y de no apoyar al Gobierno en la materia. Tras ella me
pongo en primer tiempo de saludo, porque sí, sí espero que el terrorismo
influya en el voto y porque no, no apoyo al Gobierno en esto de
ninguna manera.
Y mienten quienes dicen que cerramos la puerta a una solución los
que así pensamos. No nos negamos a un final negociado. No nos oponemos
a cierta "generosidad" penal. Pero tiene que quedar claro, en el
último día de la guerra entre la democracia española y el terrorismo
totalitario nacionalsocialista vasco, que la sociedad de hombres
libres de España ha vencido, que los criminales políticos no han
obtenido absolutamente nada de sus muchos años de práctica de terror
y que si vuelven a andar por "nuestros barrios limpios" que ellos
"mancharon de sangre inocente" no tendrán ninguna posibilidad de
hacerlo "con la cabeza alta", sino que tendrán que sufrir la vergüenza
de un reproche moral permanente, aceptando como su última y nunca
extinguible condena el hecho de que nuestra innegociable dignidad,
nuestra superioridad moral, y nuestra determinación democrática
es lo que les permite no pudrirse en la cárcel para siempre en su
miserable derrota. Si vuelven a andar por nuestras calles será porque,
graciosamente, nosotros les dejamos no porque ellos nos lo impongan.
Por tanto el presidente Rodríguez debe saber que mientras negocie
con ETA, mientras ésta se presente a las elecciones y mientras tengamos
que soportar el insufrible insulto de un un De Juana Chaos riéndose
en la cara de los españoles por culpa de su política de apaciguamiento,
no habrá en España unas elecciones donde sólo se hable de gestión
de presupuestos. Y que esto será así por encima de la voluntad de
los partidos políticos, de izquierda y derecha. Señora Jiménez Becerril,
mis respetos.
29/05/07
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