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El
incierto futuro del PPdeG
| ANXO GUERREIRO |
LAS
TENSIONES y enfrentamientos que desde hace tiempo recorren las filas
del Partido Popular de Galicia han eclosionado como consecuencia
de la pérdida del poder, sumiendo al partido conservador
en una profunda crisis que afecta a sus señas de identidad,
desestabiliza la pirámide de poder y se extiende al conjunto
de la organización. En estas circunstancias, no debe sorprender
que el debate y el futuro del PPdeG susciten un enorme interés.
Todavía es la primera fuerza política del país,
monopoliza la oposición, es la alternativa natural de gobierno
y, en cualquier caso, ejercerá una importante influencia
en el devenir político de Galicia. El inmenso vacío
que deja el desvanecimiento de la figura política de Fraga
está siendo ocupado, a ojos vista, por la dirección estatal
del PP. Y ésta parece dispuesta a poner todos los medios a su alcance
para que el PPdeG vuelva a estar bajo su estricto control. Rajoy,
Acebes, Zaplana y compañía han decidido imponer su
concepción uniformizadora y jerarquizada del partido, coherentemente
con su visión centralista del Estado. Con Fraga fuera de
juego, y teniendo en cuenta la cultura política dominante
en el PP, no existe posibilidad alguna de que una alternativa diferente
a la patrocinada por la dirección nacional pueda triunfar
en el congreso del PPdeG. Así pues, el próximo cónclave
de los conservadores gallegos sólo presenta dos incógnitas.
La primera, si Rajoy conseguirá una victoria aplastante imponiendo
a Núñez Feijoo como nuevo líder del partido
en Galicia, o si tendrá que conformarse con otro dirigente
-Barreiro- que suscite mayor consenso entre las bases. En cualquier
caso, la nueva dirección de los populares gallegos estará
obligada a asumir sin reservas tanto el proyecto involucionista
de la cúpula estatal del PP como el papel de poder vicario,
dejando al margen cualquier tentación de ejercer la mínima
autonomía política. La segunda incógnita sin
despejar es si Cuíña y sus seguidores están
dispuestos a seguir representado papeles secundarios en un proyecto
extremista y centralista, o si, por el contrario, el de Lalín,
como anuncia a todo aquel que quiera escucharle, está dispuesto
a reunir la masa crítica necesaria para poner en marcha un
proyecto autónomo centrista y galleguista. Si tal cosa ocurre,
no sólo se alteraría el mapa político sino
que, como consecuencia de ello, podrían cambiar también
las mayorías parlamentarias capaces de sustentar al Gobierno
gallego. Incapaz de asumir las causas que le condujeron a cuatro
derrotas electorales consecutivas, desaparecido en Europa, aislado
del resto de las fuerzas políticas y huérfano de un
proyecto alternativo, Rajoy puede obtener una pírrica victoria
en el próximo congreso del PPdeG, pero éste no retornará
al poder. Porque, declarando proscrito al galleguismo y con un discurso
extremista, la derecha difícilmente volverá a ganar
unas elecciones en Galicia.
26/08/05
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