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Legitimidad
adaptable
| Aloma Vidal |
En el mar de
diferencias que les separan, socialistas y nacionalistas gallegos
salen a flote agarrándose juntos a elementos construidos a medida
de sus intereses y de su forma de entender la práctica política,
que es, no pocas veces, difícil de entender aunque sea políticamente
muy práctica.
Uno de esos elementos es el que podría darse en llamar legitimidad
adaptable, definida en el quehacer habitual de este matrimonio de
conveniencia como aquella que lo es o no lo es en función de si
se aplica a ellos o a los de enfrente. Según su particular diccionario,
un acto definido por el de la Real Academia como ilícito, no conforme
a las leyes, no permitido e injusto lo es, alcanzando la categoría
de escándalo, si lo cometen sus adversarios; pero cuando un acto
similar o incluso de peores consecuencias sale de sus propios adentros,
la legitimidad se manipula, se suaviza, se adapta para amoldarse
a sus circunstancias y, como por arte de magia, el escándalo acaba
recayendo igualmente en los otros.
En los últimos días hemos sabido por la prensa que dos gallegas
formaron parte, sin saberlo, de listas electorales presentadas por
el PP en los últimos comicios municipales para sendos ayuntamientos
del País Vasco. Una ilegalidad, al no contar con su consentimiento
para tal responsabilidad, que ha provocado contundentes reacciones
por parte de PSOE y BNG. El secretario provincial de los socialistas
de Pontevedra, Modesto Pose, ha visto en tales actos una prueba
de que en la organización del PP se acostumbra a falsificar y ha
pedido una investigación y la inmediata depuración de responsabilidades.
Por su parte, el diputado del Bloque Bieito Lobeira cree que estos
hechos evidencian la absoluta falta de escrúpulos de los populares
y habla también de falsificación con imputaciones delictivas, por
lo que exige una investigación judicial.
En Vilagarcía, el PSOE presentó a un candidato a alcalde que no
podía serlo por pertenecer al Cuerpo Nacional de Policía, situación
que, por ley, lo hacía inelegible. Los socialistas presentaron,
por tanto, a un candidato ilegal que, por cierto, llegó a ser alcalde
con el apoyo de los nacionalistas. La ilegalidad del PP fue presentar
a dos candidatas a las que no debieron presentar porque ellas no
lo sabían. La ilegalidad del PSOE fue presentar a un candidato al
que no debieron presentar porque la Ley lo impedía, aún sabiéndolo
tanto el partido como él mismo. El primer caso no ha tenido más
consecuencias, en la práctica, que la justificadísima indignación
de las afectadas. En el segundo caso, al margen de la dimisión del
alcalde León "el breve", Vilagarcía y sus ciudadanos han
sido obligados a quedar en una situación de incertidumbre, con un
Gobierno local surgido de una candidatura fraudulenta y del apoyo
a la misma del BNG.
Ni socialistas ni nacionalistas ven en esa situación falta de escrúpulos,
ni falsificación, ni imputaciones delictivas, pese a que los primeros
cometieron fraude en las elecciones y los segundos los respaldan.
Y tampoco consideran necesario que se investigue el asunto ni que
se depuren responsabilidades. Muy al contrario, han unido, una vez
más, sus manos agarradas a la legitimidad adaptable y han trasladado
el escándalo al Partido Popular por atreverse a pedir esa investigación
y esa depuración y por osar pretender que la legalidad se asiente
en el municipio arousano
20/07/07
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