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El artículo

De educación, ciudadanía, terroristas y mediocres
| Aloma Vidal |

Necesito como el aire que respiro unas cuantas clases de Educación para la Ciudadanía. Como lo oyen. O lo leen. Al contrario que ese buen número de ciudadanos que está intentando objetar, pobres ingenuos, en un país donde, a pesar de los años que Franco lleva muerto y de que nos habíamos creído que la dictadura no era ya más que un mal sueño de la memoria histérica, la realidad es que objetar a cualquier decisión de este nuestro Gobierno es darse de bruces con un muro inquebrantable de objeciones, yo reclamo para mí cuarto y mitad de lecciones de esa nueva versión de la Formación del Espíritu Nacional.

Y es que, o alguien me ofrece unas cuantas enseñanzas y algunas explicaciones o yo aquí no me aclaro y me encuentro más perdida que un informativo de la SER o un telediario de la Sexta en un congreso de objetividad periodística. Lástima que, en ese sentido, hace ya mucho que se me pasó el arroz y el colegio lo dejé hace unos cuantos veranos, porque digo yo que, a lo mejor, si fuera uno de esos alumnos privilegiados de ahora, que no saben en dónde rayos hay que poner las dos tildes que caen en "Educación para la Ciudadanía" pero que van a aprender esa asignatura para ser educados en el espíritu pijo-progre y crecer como ciudadanos de provecho, de provecho para los mangoneantes zapateriles y demás especímenes que rodean al poder actual, pues a lo mejor yo entendía algo más lo que en este país está pasando, a fuerza de no entender más allá de lo que cabe en la cabeza del presidente y los suyos, que no debe de ser mucho, y vivía más feliz, bendita ignorancia.

Pero como soy de los de antes de la LOGSE, pues me cuesta seguir el hilo, lo confieso. Que se va una de vacaciones con el mensaje de que seamos comprensivos con los etarras, que la única salida es hablar con ellos, que tengamos paciencia, que sepamos perdonar, que entendamos los gestos del Gobierno y que colaboremos con el proceso de paz y, en cuanto vuelve de la playa, se encuentra con un cartel con seis caretos que, la verdad, hay que tener ganas para hablar con semejantes tipos, y una petición de colaboración para trincarlos.

Y ahí no acaba todo. Porque recuerdo estar haciendo las maletas resonándome aún en los oídos la voz de ZP asegurándome que no habría cesión con los asesinos y ahora, deshaciéndolas, me entero de que este hombre que nos preside estaba dispuesto, no sólo a darles la autodeterminación y a incluir a Navarra en el lote, sino que hasta les iba a montar una fundación y les iba a conceder un sueldo de 1.500 euros, cama aparte, supongo, para que se reinsertaran. Que dice mi vecina la del quinto que con menos de ese salario ella se compromete a reinsertar hasta a su hijo el vago y aprendiz de maleante, que con la carrera que lleva se daría con un canto en los dientes si llega a mileurista.

Pasa que el hijo pequeño de la del quinto un poco gamberro sí es, pero hasta el momento no ha matado ni chantajeado a nadie. Y, así, claro, quién le va a dar una paga para que no caiga en la tentación de dedicarse al trapicheo de drogas. Y, por supuesto, nadie estará dispuesto a montarle una fundación.

Y es que en este país nuestro de ahora se puede vivir bien siendo muchas cosas, pero siempre que se alcance altura y notoriedad. Aquí, los mediocres, no tienen más futuro que un puesto en el Gobierno. Y de esos, de puestos en el Gobierno quiero decir, hay pocos.


31/07/07

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