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La
frivolidad se paga siempre
| Jesús D Mez Madrid |
Las palabras del primer ministro francés, François
Fillon, desvelando el contenido de una conversación personal con
el presidente del Gobierno, sobre el arrepentimiento de Rodríguez
Zapatero de la regularización masiva de inmigrantes en España, no
sentó nada bien, de hecho lo han callado tan porto como han podido.
Y es que sin duda alguna estas regulaciones fueron recibidas en
la Unión Europea como un acto irresponsable de insolidaridad con
los intereses comunes de los Veinticinco. Los pronunciamientos de
los gobiernos europeos fueron unánimes en las críticas al Ejecutivo
español y desembocaron en un compromiso de la Unión Europea para
establecer un procedimiento de "alerta temprana" que preavisara
de nuevas regularizaciones.
Pero la frivolidad se paga siempre, antes o después, sobre todo
cuando afecta a las relaciones internacionales. España pertenece
a una comunidad política, la Unión Europea, que se rige por el objetivo
de converger en los asuntos principales que permitan cohesionar
las sociedades europeas. La inmigración ilegal no es sólo una cuestión
laboral ni incumbe sólo a un país. Afecta directamente a la estabilidad
social y, aunque no se reconozca como es debido, a la seguridad
pública. Fillon, lo haya querido o no, ha utilizado el "modelo
Zapatero" con sibilina crueldad, tranquilizando a los franceses
al dejar claro que no es su modelo y exhibiendo la imagen de un
político que confía a un colega extranjero la autocrítica que niega
a los ciudadanos españoles y que estos, sin duda alguna, agradecerían
haber escuchado sin un intermediario de otro país. Pero Zapatero
ya nos tiene acostumbrados a sustraernos todo este tipo de informaciones.
13/09/07
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