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Bachillerato
de regalo
| Aloma Vidal |
Se acercan unas elecciones y empiezan los regalos
promocionales, es inevitable. A pesar de que aún faltan algunos
meses, los progre-gobernantes socialistas ya han empezado con el
desparrame propagandístico y donde no regalan pisos regalan visitas
al dentista. Y, claro, se entusiasman en esa escalada de ofertas
y acaban regalando el Bachillerato. Que dice mi vecina la del quinto
que este Gobierno le está haciendo recobrar las esperanzas de que
hasta su hijo el vago llegue a ser Bachiller. Y ya se sabe que,
de eso a presidente de Cataluña, sólo hay un saltito.
A este paso, para sacarse un título en nuestro país, sólo va a ser
necesario matricularse, lo cual, por cierto, supondría un nada despreciable
ahorro de dinero, esfuerzo y recursos para unos resultados muy similares
a los que se van a conseguir con estas genialidades. Primero decidieron
suprimir el cero, pobre gordito, y ahora deciden que se puede pasar
a segundo de Bachillerato llevando en la mochila cuatro suspensos
de primero, qué más da, qué importa si se está preparado, a quién
le interesa si se ha aprendido algo o nada. Todo sea por evitar
traumas a los chavales y hacerles más atractivos los estudios, según
la versión de la ministra, a la que sólo le ha faltado decir, como
sentenciaba un antiguo profesor mío, que los palos ya se los dará
la vida.
Total, en nuestro actual escenario, lo único importante para sobrevivir
es tragar con la doctrina zapateril para la ciudadanía, asimilar
la cultura progre-intelectual y titiritera como el súmmum de la
cultura y creerse a pies juntillas cosas como que nuestra economía
es tan buena que juega en la championslí porque lo dice Zapatero,
aunque en nuestra vida diaria estemos a dos velas. Y para eso no
hace falta estudiar, ni esforzarse, ni repetir curso.Eso es de antiguos
y carcas.
Lo moderno es ir al instituto sin tensiones, a pasarlo bien y a
alimentar estadísticas que digan que en España ya hay menos chicos
que abandonan los estudios. Que supongo yo que eso es lo que busca
el Ministerio con estas iniciativas: mejorar nuestros datos estadísticos
de Educación, aunque sea a costa de vaciar de sentido esos números.
Los informes dirán, tal vez, que el fracaso escolar se ha reducido,
aunque no explicarán el fracaso mayor que supone tener más burros
y vagos en las aulas en lugar de personas mejor formadas.
Si no es ese el objetivo del Gobierno, sólo se me ocurre otro: ir
cambiando las cosas hasta lograr que Pepiño Blanco acabe por fin
sus estudios. Desde luego, se lo están poniendo fácil incluso a
él. Si con decretos geniales como este no lo consigue, es para que
se lo haga mirar. Ahora que hasta el chico de mi vecina la del quinto
empieza a tener futuro.
15/09/07
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