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Groucho
pesca en Galicia
| ANXEL VENCE |
Andan
imparcialmente sublevados los marineros de Vigo porque los peces
no dan la talla y los armadores en general por el elevado precio
del gasóleo, pero esos son problemas de bajura. La cuestión
de altura que el gobierno ha llevado a debate en el Parlamento galaico
consiste, como el informado lector ya sabrá, en el traslado
de la Consellería de Pesca desde Santiago a Vigo. Sobra decir
que tan delicado asunto tiene en un sinvivir a patronos y trabajadores
del ramo pesquero.
El extraño caso de la consellería ambulante viene
a probar que todavía quedan políticos capaces de aportar
un problema para cada solución. Se diría que quieren
darle la razón a Groucho Marx, aquel ilustre filósofo
que definió la política como el arte de "buscar
problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar
los remedios equivocados".
De acuerdo con esa fórmula, el principal problema de la pesca
en Galicia es en estos momentos la ubicación geográfica
de la consellería que teóricamente se ocupa de solucionar
los asuntos del ramo. La solución es el problema, por decirlo
de otro modo.
Analizado en términos marxistas -línea Groucho-, tal
problema no existía en absoluto hasta que el gobierno gallego
decidió crearlo. No se oía en Vigo clamor alguno a
favor del traslado de los funcionarios del departamento que trabajan
en Santiago; y, en general, hace ya casi dos décadas que
se daba por cerrada la enojosa disputa a propósito de la
capitalidad de este reino.
Pues ni por esas. Fiel a los viejos principios marxistas -no a los
que un día fueron suyos, sino a los de Groucho-, el nuevo
presidente de Galicia ha decidido buscarse un problema donde no
lo había. Como es natural, el siguiente paso ha sido encontrarlo,
y el tercero, hacer un diagnóstico falso; de tal modo que
la conselleira del ramo ha persistido en el error aun a riesgo de
desatar una pendencia con sus socios nacionalistas en el gobierno.
Ahora toca la cuarta fase, que según el manual de Groucho
consiste en aplicar el remedio equivocado a un problema inexistente.
Y mucho es de temer que el traslado de la consellería -que
no otro es el remedio- abra en Galicia un debate casi tan largo
y enjundioso como el del Estatut en Cataluña. Mientras tanto,
puede que los pescadores sigan tirando la caballa en las lonjas
y que la flota acabe varada en los muelles por falta de gasóleo,
pero tampoco hay por qué perder el tiempo con esas cuestiones
de bajura.
Nada de particular ocurrirá, en todo caso, por que se traslade
a Vigo el departamento de peces, que a fin de cuentas aquí
se pesca mucho y también esa pintoresca teoría se
aplicó -cambiando pescado por vacas- para ubicar una Facultad
de Veterinaria en Lugo.
Lo malo de los problemas inventados, eso sí, es que acaban
siendo como las cerezas: se enredan unos con otros y al final cuesta
mucho deshacer el lío.
Una vez establecido el precedente, parecería lógico
requerir también para Vigo la sede del Ministerio de Pesca
y, desde luego, las consellerías de Trabajo e Industria a
las que la más poblada ciudad de Galicia es acreedora dado
su poderío fabril. Y, en su turno, las provincias agropecuarias
del interior bien podrían reclamar los departamentos de Agricultura
y Medio Rural, con los mismos títulos que a Pontevedra le
valdrían para adjudicarse la de Medio Ambiente, por el aquél
de la celulosa.
Cierto es que, con tal proceso, Galicia acabaría teniendo
un gobierno en porciones como los quesitos del juego del Trivial,
estructura acaso poco compatible con el estatuto de nación
que el presidente Touriño demanda para este antiguo reino.
Pero a cambio recuperaríamos a escala gubernamental la vieja
tradición del minifundio que a duras penas resiste en las
zonas más agrarias del país.
Y a todo esto, los marineros quejándose de vicio. Se ve que
no entienden la política de altura.
farodevigo. 29/09/05
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