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El
fiasco del PSOE en la 'Operación Fenosa'
| CARLOS SEGOVIA |
El
Gobierno y la Xunta de Galicia embarcaron a Amancio Ortega en el
intento político de aprovechar la convulsión energética
para enraizar más que nunca en Galicia a Unión Fenosa.
Pero los fallos del 'núcleo' galaico y el impetuoso estilo
de Emilio Botín dieron al traste el intento. Una semana de
'meigas' en la que se rompió la cúpula de Zara.
"¿Qué
tal te encuentras?". El pasado sábado 24, el jefe de
la Oficina de Presidencia del Gobierno en el Palacio de La Moncloa,
Miguel Sebastián, inició una llamada telefónica
al hombre más rico de España, el presidente de Inditex
y dueño del imperio Zara, Amancio Ortega.
Para entonces, ya se había producido el fiasco. Ortega, poco
acostumbrado a fallar en un negocio, se había dejado embarcar
en la operación de compra del importante paquete de acciones
del Banco Santander en Unión Fenosa, la tercera eléctrica
de España. Y había fracasado. En la víspera,
el presidente del banco cántabro, Emilio Botín, había
cerrado la venta no al grupo de inversores gallegos del dueño
de Zara, que apoyaba el Gobierno, sino al presidente de ACS y del
Real Madrid, Florentino Pérez.
No había sido Ortega el único sorprendido. En la mañana
de aquel viernes también se quedaron a cuadros el secretario
de Organización del PSOE, José Blanco, el presidente
de la Xunta de Galicia, José Emilio Pérez Touriño,
Sebastián y el propio presidente del Gobierno. "Ortega,
Jacinto [Rey, presidente de Construcciones San José] y Gayoso
[Julio Fernández Gayoso, director general de Caixanova] nos
dijeron el miércoles 21 que la operación estaba hecha.
Ellos sabían que tenían nuestro apoyo, porque queríamos
que Botín no vendiera ese paquete del Santander a portugueses
o italianos, sino a gallegos", relata a este diario uno de
los protagonistas políticos que han trabajado en el caso.
A la vista de la OPA de Gas Natural sobre Endesa, el Gobierno bipartito
de Galicia se ha volcado en intentar asegurar que Unión Fenosa
no sólo mantenga su sede social en Galicia, sino en aprovechar
la marejada energética del momento para "galleguizar"
más la empresa, según la expresión de Pérez
Touriño, que ha contado con el apoyo activo del Gobierno
central.
La primera reunión clave tuvo lugar fuera de España.
El sábado 17, el vicepresidente de la Xunta y líder
del Bloque Nacionalista Galego, Anxo Quintana, mantuvo una discreta
reunión en Oporto (Portugal) con Amancio Ortega, Jacinto
Rey, y Julio Fernández Gayoso. "Nos pidió que
compráramos el paquete del Banco Santander por patriotismo
gallego", relata a este diario uno de los asistentes.
Pero no bastaba con la Xunta. Unión Fenosa depende, como
el resto de las empresas energéticas de España, de
la voluntad regulatoria del Gobierno central. Un tarifazo del ministro
de Industria, José Montilla, o una regulación que
prime unas fuentes de energía sobre otras puede hacer ganar,
o perder, mucho dinero. Así que lo mejor era saber con qué
apoyo se contaba en Madrid.
Rey y Fernández Gayoso conocen bien al secretario de Organización
del PSOE, el gallego José Blanco. Este les brindó
apoyo en todo momento y habló con Montilla y con el propio
José Luis Rodríguez Zapatero. Blanco transmitió
a los inversores gallegos que tanto el ministro como el presidente
desean que entren en Unión Fenosa. Ortega dispone además
de línea directa con Sebastián y con Rodríguez
Zapatero. Todo iba perfecto.
Los tres inversores gallegos se adentraban en una eléctrica
en la que iban a poder ganar dinero y, de paso, haciendo un favor
al poder político. No fue difícil ultimar los detalles
con Matías Rodríguez Inciarte y Rodrigo Echenique,
dos hombres del Banco Santander de la máxima confianza de
Botín. Rodríguez Inciarte les confirmó por
escrito que hay acuerdo de venta y Jacinto Rey se tomó unos
días de descanso en el mar.
"Que no Jacinto, que tienes que volver, que esto no va bien,
que Caixanova tiene ya un 4% de Unión Fenosa y si entráis
los tres vais a tener que hacer una OPA y depositar avales de inmediato
con un dineral". El entonces vicepresidente de Inditex, José
María Castellano, coartífice con Ortega del espectacular
éxito del grupo textil, no veía nada claro el asunto.
Rey estaba tranquilo, porque ya habían previsto un mecanismo
para eludir la OPA aparcando un 1,4% del capital. Pero Castellano
no lo veía, porque era demasiado tarde. Caixanova tenía
que haber vendido antes parte de su participación para que
la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) no forzara
el lanzamiento de una costosa OPA. Tampoco lo vio claro Botín,
que quería los avales, por si acaso, a primera hora del viernes.
Y él no es de los que tiene paciencia, sobre todo si cuenta
con compradores alternativos a buen precio.
El presidente del Banco Santander sabía que a Zapatero y
a Montilla no les iba a gustar que les vendiera a portugueses o
italianos, pero ¿por qué no a otros españoles?
Había hablado el jueves 22 con Florentino Pérez y
también había recibido una oferta del financiero Jaime
Bergel, aunque a un precio que él veía bajo, 28 euros
por acción.
Pero la subasta al mejor postor de Botín no parecía
ser conocida por el Poder. Ese mismo jueves, el presidente de la
Xunta, Emilio Pérez Touriño, se interesó en
conversación telefónica con Ortega sobre si ya estaba
cerrada la operación. El presidente de Zara no tenía
razones para pensar que no, aunque tampoco estaba entusiasmado.
En primer lugar, como se sentía embarcado en el asunto, no
se estaba volcando y, además, raro en él, quería
tener sólo una participación minoritaria dentro del
núcleo gallego de Unión Fenosa. Además, había
cosas que no le estaban gustando nada. Por un lado, no le convencía
cómo estaba llevando el asunto Jacinto Rey. Sí, es
verdad que le había dicho que tenía "plenas facultades"
para actuar en su nombre, pero en el idioma de Amancio Ortega cuando
dice a alguien, incluido Rey, que tiene "plenas facultades"
no quiere decir que haga lo que le dé la gana sin consultarle.
No le agradó nada saber por boca del presidente de Construcciones
San José que Caste, su Caste, José María Castellano,
el número dos de Inditex, iba a ser el nuevo presidente de
Unión Fenosa. ¡Cómo no había sido informado
antes!
Así que "cada cosa a su tiempo", le dijo a Rey.
Este transmitió entonces a Castellano que mejor no hablara
con Ortega, que está irritado. Llovía sobre mojado.
Hacía tiempo que el número uno y el dos de Inditex
se habían distanciado. El origen fue que a Ortega, un hombre
volcado al 120% en su empresa, incluso pagando un alto precio de
soledad personal, quería que Castellano se implicara del
mismo modo o más, que para eso era el primer ejecutivo y
su sucesor en la presidencia. Nunca le gustó que Caste siguiera
impartiendo clases de Economía en la Universidad. Y, mucho
menos aún, aunque no se lo dijo abiertamente, que hubiera
vendido parte de las acciones de Inditex para comprar las del grupo
inmobiliario Fadesa e incluso convertirse en consejero.
El afecto siempre existió y se preocupó mucho por
Castellano cuando, por un problema de salud detectado a tiempo,
tuvo que someterse a una operación. Pero después lamentó
que su brazo derecho, ya recuperado y con diez años menos
que él, le pidiera ir dejando la gestión ejecutiva
de Inditex.
Ortega terminó accediendo y, tras un proceso de selección
por parte del head hunter Korn Ferry, su preferido fue el copresidente
de Altadis, Pablo Isla. Poco a poco fue sintonizando con él
y Ortega, que increíblemente no tiene despacho propio en
la sede coruñesa del grupo, empezó a utilizar más
el de Isla que el de Castellano, que seguía siendo vicepresidente.
Este, sin tener malas relaciones con Isla, consideró que
había llegado el momento de volar solo y dejar la empresa,
pero Ortega veía muy precipitado dejar todas las riendas
al nuevo consejero delegado. Isla entraba con buen pie y había
arrancado al presidente de Zara poder seguir teniendo otra actividad,
la de consejero de Telefónica, pero Caste tenía que
quedarse al menos hasta 2008.
Todo se precipitó en la mañana del viernes 23 de septiembre
cuando Botín transmitía impaciencia y Ortega accedió
a llamar a Castellano pidiéndole que siguiera en la operación
de Unión Fenosa, porque había apoyo del Gobierno,
y él sería capaz de enderezar el lío que había
con el Santander. Pero ya era tarde, Castellano estaba dolido y
no veía forma de eludir la OPA y, por tanto, un coste iba
a ser excesivo para todos. Ortega había estado dispuesto
a pagar hasta 30 euros por acción. Pero Botín, que
ya había tomado personalmente las riendas de la negociación,
había arrancado a Florentino Pérez 33 euros. Ortega,
con más patrimonio que ACS, no subió la oferta.
Pérez tenía sólo un problema. Por un lado,
tenía que convencer a Montilla y a Touriño de que
no iba a especular y que iba a ser un inversor estable y estratégico
que aseguraría un control adecuado de Unión Fenosa
sin chocar con el núcleo gallego. Por otro, tenía
que convencer al presidente de la CNMV, Manuel Conthe, de que él
era un simple inversor financiero que para nada iba a controlar
Fenosa y, por tanto, no tenía que lanzar ninguna OPA. Al
final, calificó su operación de "inversión
financiera permanente" y tuvo el beneplácito de unos
y otros.
Es verdad que Botín puede sentir cierta satisfacción
íntima en haber fastidiado a Ortega, puesto que éste
rechazó el pasado año comprar un paquete inferior
al 1% del Banco Santander pese a que el cántabro se lo había
pedido. Pero para fuentes próximas al presidente de Zara,
éste no está furioso, porque Unión Fenosa no
era una prioridad. De hecho, habló con Botín por primera
vez de la eléctrica una vez que ACS había cerrado
la compra y lo hizo en términos cordiales. Menos cordial
fue la marcha de Caste, que decidió dimitir y poner fin a
esos años de distanciaciamiento con Ortega.
Concluyó la semana y las meigas también habían
circulado en Madrid. Moncloa no pudo evitar cómo fallaba
una operación empresarial apoyada desde Presidencia, aunque
al menos, ACS no es portuguesa ni italiana, "También nos parece
bien Florentino", resume una fuente próxima al presidente.
Así que Miguel Sebastián, que ya había visto
a principios de año cómo la constructora Sacyr no
había podido entrar en el BBVA, se despidió amablemente
de Ortega y colgó.
elmundo. 02/10/05
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