Salimos de Irak porque no había mandato de Naciones Unidas. Tampoco
lo había para bombardear Serbia y Moisés nunca se planteó retirar
las tropas. Se invadió la región serbia del Kosovo para detener
las matanzas que Milosevic cometía. Se intervino sin mandato de
la ONU y a favor de una de las partes, porque millares de serbios
tuvieron que huir ante la persecución y los crímenes que empezaron
a sufrir ante la pasividad de las fuerzas internacionales, todas
de anuencia zapatera.
Después, sin reparo alguno se tritura la nación Serbia, que tiempo
atrás detuvo en ese mismo territorio el avance del islam por Europa.
Nuestro alianzador de civilizaciones y neoleguleyo de la paz internacionalista
no dice nada porque nada pinta en la escena internacional, pero
nuestras tropas siguen allí defendiendo un acto ilegal, ilegítimo
e injusto, incluso ahora dando cobertura a una alta traición, similar
a la que cometió Inglaterra en España cuando después de venir en
auxilio de la Casa de Austria se apropió de Gibraltar. Menos mal
que en el PP tenemos la defensa de los intereses de España, muy
bien representados en su día por el fiel paje a quien el emperador
le permitía poner los pies encima de la mesa. "Vamos a acabar con
Milosevic", dijo en su día el paje en el parlamento español.
Después se fue de viaje a Rusia y recibió una de las mayores bofetadas
repartidas en la historia de la diplomacia universal: paseó durante
días por el país anfitrión sin que el presidente se dignara a recibirle.
El zar alegó que tenía bronquitis, al paso que entre dos borracheras
hizo fotografiar su resaca jugando al tenis. El paje paseó solitario
por las ciudades de aquella vieja, heroica y sufrida tierra. Como
el paje tenía algunos aviones dispuso que bombardearan Serbia escoltando
los numerosos aviones que aparejó el Imperio. Y así se hizo. El
lacayo perseveró y continuó creciéndose frente a los débiles enemigos
del Imperio; y por si fuera poco, tiempo después, desoyendo las
protestas de sus propios compatriotas, tanto de amigos como enemigos,
aceptó la invitación de subir a lomos del elefante que montaba el
mismísimo emperador.
Mientras corrían sobre las arenas de Mesopotamia el paje miraba
atrás y hablaba de tú a tú al césar: "Jó, cuánto polvo levantamos,
¿eh?" Hay que reconocer que el paje era listo, pero la soberbia
le cegó y falló en el cálculo. "Llevamos más de doscientos cincuenta
años dependiendo de Francia y hora es de acabar con esta situación",
dijo. Prohibió que una empresa pública francesa, France Telecom,
comprara una empresa privada española de telefonía, Amena. Tampoco
dejó que EDF, eléctrica pública de Francia, invirtiese en España.
De nada sirvió que don Valery, el Gran Maestre de la logia del Gran
Oriente, redujese la representación española en el parlamento europeo.
Sin embargo don Valery tenía consigo un as escondido en la manga
y reclutado posiblemente en su misma logia. Una masacre en Madrid
asistida por los servicios secretos españoles -cuando menos en la
ocultación y manipulación de pruebas- y que solo favoreció los intereses
de Francia cambió por completo el panorama y de nuevo volvimos al
redil.
El emperador no salió en auxilio de su lacayo, porque el emperador
había derribado dos rascacielos a la vista de todo el mundo y La
Grandeur aprovechó el tirón: "Después de esto dijo La Grandeur
al emperador- vuelva cada cual a lo que siempre fueron nuestros
respectivos dominios y en adelante, por el interés de ambos, quedémonos
calladitos como culos". France Telecom compró Amena y EDF una multinacional
eléctrica española (la otra la compró el estado italiano). Hoy,
el paje deambula conferenciando y su lugar lo ocupa el as de don
Valery, un camarero que hasta hace poco todos tenían por mudo. No
lo era, y además demuestra que es un buen profesional del oficio,
porque envuelve en pueriles argumentos las triviales opiniones de
su clientela. En ello seguimos.