Apenas habían pasado unos minutos desde que confrontaran en Antena
3 Solbes y Pizarro, cuando ya los periódicos tenían decidido quién
era el ganador. También lo tenían los televidentes, investigados
contra reloj por una empresa de sondeos para la propia cadena de
televisión. Pero en los debates, ay, no suben los goles al marcador,
ni hay canastas de tres puntos, ni muertes súbitas salvo la de aquel
amago de candidato a la alcaldía de Madrid que murió -políticamente,
claro- al mostrar una fotografía en su encuentro con Gallardón.
Quiero decir que en los debates, por mucho que nos empeñemos, no
suele haber vencedores y vencidos o tal vez sí, pero es tan subjetiva
la valoración que tras el de Solbes-Pizarro -y aun antes- resultaba
del todo predecible lo que iba a decir cada periódico y hasta el
resultado de la encuesta a pie de tele. Con los que se avecinan
entra Rajoy y Zapatero va a pasar más de lo mismo pero en exagerado,
porque Pizarro era nuevo en la plaza y por tanto imprevisible, pera
a ZP y a Rajoy nos los sabemos ya de memoria. No conviene nunca
adelantar acontecimientos y menos aun tirarse faroles que no conducen
a nada, pero me atrevería a escribir hoy mismo la crónica de ese
primer cara a cara con errores, estoy seguro, mínimos. ¿Para qué
sirven pues los llamados debates? Pues exactamente para lo mismo
que las nominaciones en los programas tipo gran hermano o supervivientes.
Que nadie espere, ni se asombre después, de que en un debate político
preelectoral apenas se hable del programa ni se entre en otras profundidades
porque el medio da para lo que da y sirve para lo que sirve: para
nominar al que peor o mejor caiga y ni siquiera a la mayoría de
votantes sino a ese grupo minoritario pero decisivo de los "no sabe/no
contesta", los conocidos como "indecisos". Al resto, como ocurre
con los periódicos, un debate no les va a sacar de su voto y no
porque sean obtusos o cerrados sino porque, tras un encuentro de
estos, ocurre el tópico de los comentaristas deportivos: "no hemos
visto el mismo partido". Pues lo era, como lo era el debate de Solbes
y Pizarro que comentado después por amigos cercanos al PP o al PSOE,
parecían, efectivamente dos debates.
Uno ve siempre lo quiere ver y resulta casi imposible razonar desde
un punto equidistante y neutral. Lo que Zapatero y Rajoy van a pretender
en sus dos encuentros, es, sencillamente, caer bien al personal,
ser más "atractivos" y, si me apuran, ni tan siquiera eso: van a
intentar no caer mal a nadie, naturalmente cada uno desde su posición.
Pero no esperen ni análisis riguroso de la realidad ni otra cosa
que no sean desmentidos, la culpa es tuya y tú más. Porque todo
vale y todo tiene dos puntos de vista. Es curioso lo que dan de
sí las cifras y cómo se pueden esgrimir los mismos gráficos para
interpretarse de forma radicalmente distinta. Lo único que parece
claro a estas alturas de campaña real -la oficial no cuenta- es
que ni el PP digirió su derrota ni el PSOE parece haberse creído
aun su victoria en las elecciones pasadas. Hay una obsesión por
mirar hacia atrás con ira y comparaciones que a los electores no
nos interesa nada. Quien sea capaz de ilusionar mirando hacia el
futuro es muy posible que llegue, de la mano de los indecisos, al
triunfo final.