|
El
ex presidente contra su ex delfín
| ALFREDO AYCART |
La extremada
prudencia de todos los candidatos a la sucesión en el PP gallego
que, con excepción de Enrique López Veiga, han eludido el enfrentamiento
directo, contrasta con las vehementes irrupciones en el debate de
un Manuel Fraga que se resiste a perder protagonismo.
Manuel Fraga ha roto su proclamada neutralidad en el proceso que
culminará en el congreso de enero del PP gallego con su sustitución
como presidente del partido, y lo ha hecho no para expresar su respaldo
a alguno de sus candidatos, sino para rechazar las aspiraciones
de un Xosé Cuiña de quien hace sólo unos meses elogiaba abiertamente
su capacidad de gestión y la lealtad que había demostrado al partido
al aceptar en las últimas elecciones el puesto número cinco en la
lista de Pontevedra que había encabezado en anteriores convocatorias.
El discurso ha cambiado en las últimas semanas y Cuiña ha pasado
de «saber estar en su sitio» a convertirse en «ese personaje» que,
a juicio del fundador del PP se ha autoexcluído del proceso sucesorio.
Manuel Fraga, que ha llegado al extremo de eludir mencionar por
su nombre al que fuera durante muchos años su mano derecha en el
partido y en la Xunta, le achaca unas hipotéticas declaraciones
en las que advertía que abandonaría el partido si no conseguía presidirlo,
pese a que el aludido ha reiterado que seguirá en el PP «bien como
presidente o bien como militante».
El cambio de actitud de Fraga no ha sorprendido a los dirigentes
del PP consultados por este periódico, que estiman que la decisión
de Cuiña de optar a la sucesión ha quebrado la estrategia del todavía
presidente del partido, que aceptó a regañadientes la pugna entre
varios candidatos después de fracasar en su intento de conseguir
una lista de consenso entre los que fueron los dos vicepresidentes
de su último Gabinete, Alberto Núñez Feijóo y Xosé Manuel Barreiro.
Difícil acomodo
Fraga, que hace apenas un año había conseguido imponer una «pax
octaviana» entre rurales y urbanitas, no ha ocultado su malestar
con los dirigentes del partido que han expresado su apoyo a uno
u otro candidato, haciendo oídos sordos a sus llamamientos para
que las cúpulas provinciales del PP eludieran alinearse en el debate.
De hecho, el presidente del PP y la Diputación de Pontevedra, Rafael
Louzán, garantizó el apoyo de la mayoría de la provincia natal de
Xosé Cuiña a un Alberto Núñez Feijóo que también cuenta con el respaldo
de Juan Juncal, desde La Coruña, pese a que es el único de los candidatos
que no ha confirmado hasta el momento sus evidentes intenciones
sucesorias. Mientras, José Luis Baltar ya ha reiterado en Orense
su apoyo a Xosé Cuiña, y Xosé Manuel Barreiro, presidente de Lugo,
se apoya evidentemente a sí mismo, aunque el poderoso presidente
de la Diputación Provincial, Franciso Cacharro, se debate en la
duda de secundarle o apoyar a su amigo personal y tradicional aliado
político Xosé Cuiña.
Tampoco ha contribuído a sosegar el carácter del ex presidente de
la Xunta la soledad del inevitable «viaje por el desierto» que se
traduce en una agenda con abundantes lagunas, en contrasta con la
frenética actividad que ha mantenido durante años, ni las dudas
expresadas en privado por destacados dirigentes del PP sobre su
futuro acomodo político dentro del partido.
En este sentido, el propio Fraga ha podido comprobar que la sugerencia
de incorporarse a la Cámara Alta como senador autonómico, ha suscitado
tan escaso entusiasmo como la posibilidad de que protagonice como
jefe de la oposición futuros debates parlamentarios sobre el Estado
de la Autonomía o la reforma estatutaria.
Tono versallesco
En cualquier caso, la abrupta irrupción del ex presidente de la
Xunta en el debate contrasta con el tono versallesco con que eluden
hasta ahora el enfrentamiento directo todos los candidatos. Sólo
Enrique López Veiga, que ha tirado por la calle de en medio al promover
una regeneración del PP gallego prescindiendo de los dirigentes
(que él identifica con el sector rural y que a su juicio representan
una forma de hacer política ya caducada) se ha salido de la línea
de exquisita prudencia de Xosé Manuel Barreiro, Alberto Núñez Feijóo
y el propio Xosé Cuiña, con constantes intercambios de elogios.
Y eso pese a que en estas semanas se procede a la elección de los
más de 2.000 compromisarios que acudirán al cónclave del 14 y 15
de enero, en unas jornadas decisivas para marcar las posibilidades
reales de cada uno, máxime cuando es necesario el apoyo expreso
de más de 400 para confirmar las candidaturas.
ABC.01/11/05
|