PSOE:
Un mal balance económico
| Lorenzo Bernaldo de Quirós |
El dato de inflación con el que el Gobierno socialista cierra su
mandato ha sido el peor desde 1995, el 4,4 por 100. Solbes es coherente
y vuelve a las andadas. En marzo de 1996, cuando el PP llegó al
poder el paro se situaba en el 24 por 100 de la población activa,
el déficit público en el 6,7 por 100 del PIB, la presión fiscal
en el 44 por 100 del PIB, los tipos de interés en el 9,4 por 100,
el déficit exterior era irrelevante y nadie daba un duro porque
España pudiese entrar en la Unión económica y Monetaria. No cumplía
ninguno de los requisitos establecidos por el Tratado de Maastrchict.
El PSOE y Solbes dejaron la peor herencia económica recibida por
cualquier gobierno desde la instauración de la democracia. Esos
son los hechos y su terca persistencia es apabullante.
Entre 1996 y 2003, el PP convirtió un agujero fiscal enorme en un
superávit. El paro cayó trece puntos, del 24,7 por 100 al 11,4.
Los impuestos descendieron. El precio del dinero se redujo en más
de seis puntos, el gasto público cayó por debajo del 40 por 100
etc.etc.etc. En los cuatro años de gobierno socialista, el desempleo
se ha reducido sólo en tres puntos y ahora comienza a subir, las
tasas de interés se han doblado, la presión fiscal ha aumentado,
la inflación es equivalente a la que Solbes dejó hace trece años
y el agujero de la balanza de pagos por cuenta corriente es el segundo
más alto del mundo. Los ejemplos podrían multiplicarse. El PSOE
deja la economía española en unas condiciones mucho peores que las
que recibió en 2004. De nuevo, los hechos son tercos.
En este escenario, siempre ha habido un mismo protagonista, el Sr.
Solbes. Nadie le discute su buena fe y sus excelentes intenciones
pero su balance como gestor es lamentable. Es una pena pero las
cosas nunca le salen bien aunque misteriosamente suele escapar indemne
de los resultados de su mala y/o inexistente política. El Vicepresidente
no habla bien, no es un Adonis ni tampoco un Demóstenes. Sin embargo,
está rodeado de una áurea de seriedad, que si bien es indudable,
es un activo muy pobre. Aquí no se trata de que el vicepresidente
del Gobierno ofrezca una imagen buena sino que haga algo para resolver
los problemas. Pensar que Solbes pueda dirigir la economía nacional
en su momento más crítico del último medio siglo es para echarse
a temblar.