Los
hechos son tenaces: quien han ganado las elecciones ha sido el ciudadano
Rodríguez Zapatero. No, Mariano Rajoy. Ergo, algo tendrán que hacer
en el PP porque, tras dos derrotas seguidas, librar la suerte política
de un partido con diez millones de votos a los mismos Rajoy, Acebes,
Zaplana, Arenas y demás miembros del sanedrín de Génova, solo podría
ser explicado por un exceso de ceguera. El PP ha tenido más votos
que en ninguna elección anterior -también es verdad que se ha incrementado
el censo-, pero los partidos son estructuras poliorcéticas, instrumentos
para expugnar del poder al contrario y en ese registro a la vista
está que el PP ha fracasado. Hay muchas formas de analizar una derrota
-de "dulce derrota" hablaba Felipe González en el 96 cuando le ganó
Aznar-, pero puesto que nada reemplaza a la victoria, está claro
que algo tendrá que pasar en la cúpula del PP para que más de la
mitad de los españoles no perciban esta opción política como una
amenaza para su forma de entender la vida.
A juzgar por los resultados, la izquierda española radical que no
votaba al PSOE, el domingo cambió de idea para cerrar el paso a
los populares. Pero el PP ya tuvo una vez mayoría absoluta -con
Aznar en el 2000-, luego quiere decirse que lo que les ha fallado
no es tanto la idea como el liderazgo. Mariano Rajoy dijo en el
balcón de Génova qué "sabría estar a la altura de las circunstancias".
¿Qué quiso decir?¿Que se irá?. Creo que quien contestó a la pregunta
fue su mujer, Elvira Rodríguez. Lo que no dijo con claridad Mariano
Rajoy, toda España pudo verlo reflejado en la desolación de quien
más cerca estuvo de él en la noche triste de Génova. Tengo para
mi que ayer asistimos al primer capítulo del largo adiós de Mariano
Rajoy.