El
hecho de que siga puede honrarle, pero no creo que sea garantía
de triunfo con una sociedad que está encanallada por la cantidad
de mensajes que ha recibido desde una izquierda que ya no es izquierda
más allá de su burla zafia de la religión o de la Iglesia. Rajoy
pudo haber ganado ahora, pero tendría que haber administrado los
insultos de ZP o de Felipe González, el discípulo de Bettino Craxi.
Ahí existe una sima, una lección que los más jóvenes no conocen.
Pero el día en que Felipe González, casposo, vieja carroza, se atrevió
a construir un mitin desde el insulto zafio, Rajoy estaría autorizado
a decir cosas que su estilo no le han permitido. Yo sí hubiese dicho:
"Pues no debe estar tan convencido el PSOE a pesar de las encuestas
que dice manejar y que lo presentan como ganador. ¿Y sabéis por
qué lo digo?... ¡Porque han tenido que repescar al sabio González
para un turno de insultos! ¡Pero si su mayor insulto es el silencio
de todo lo que aconteció con su administración, con su gobierno,
desde el terrorismo de Estado hasta la corrupción generalizada!.
El que en Italia funcione, al parecer, mejor la justicia que aquí
ha traído como consecuencia un hecho ya casi olvidado: que el profesor
de Felipe González, Bettino Craxi, tuvo que escapar...¡Por robar,
sólo por robar!.... ¡Pero aquí a don Felipe no le ha pasado nada
mientras sus compañeros Barrionuevo o Vera fueron a dar al trullo
y guardaron silencio..! ¿Pero por qué no habrán hablado? ¿Por qué
Felipe González juega ahora a la desmemoria cuando podría convertir
sus mítines en un claro ejercico de "memoria histórica",
decirlo a los jóvenes y recordarle a los viejos lo que verdaderamente
ha pasado...!. ¡Hacer una confesión general, pedir perdón a todos
los españoles, describir cómo estaban organizadas las alcantarillas
del poder durante sus gestión!".
Con ese o parecidos mensajes, que se podrían renovar y reiterar
a lo largo de la campaña, ZP habría cambiado también su discurso,
acordarían ser más caballeros. Pero qué se va a esperar de ellos,
que saben que su gestión antidemocrática, la tolerancia de agresión
al PP, al que quisieron cercar según lo acordado en el pacto del
Tinell, o la agresión no sancionada a María San Gil, a Rosa Díez
o a Dolors Nadal, los ha dejado retratados.