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El artículo

FRAGA Y LA VEJEZ
| CAYETANA ALVAREZ DE TOLEDO |

Es posible que la vejez sea compatible con la actividad política. Como con el lidererazgo espiritual, el amor platónico o la creación artística.Bergman, que sigue en activo cumplidos los 86, sostiene que que "hacerse viejo es como escalar una montaña. Mientras se sube, las fuerzas disminuyen, pero la vista es más amplia y la mirada mas limpia". De la vejez trata también Million Dollar Baby, que en torno al sórdido mundo del boxeo femenino construye un monumento a la dignidad del ser humano que recoge sus pedazos para seguir luchando.Conservar la esperanza para domar la vejez es el mensaje de Clint Eastwood engrandecido por laedad y los versos de Yeats. Y es la pauta vital de aquellos veteranos líderes que contra la prudencia y el criterio establecido se niegan a tirar la toalla. Como Fidel, el Papa y, por supuesto, Fraga.
El caudillo gallego quiere morir con las botas verdes de pescador puestas. Lo reconoció tras decir Diego donde habia dicho digo. Me vuelvo a presentar, porque el partido me necesita,porque no tengo sustituto, porque Galicia soy yo.Si hoy volviera la vista atrás, Fraga se avergonzaría.Año 1969. El entonces ministro franquista de Información concede una entrevista a un joven e inquisitivo Salvador Paniker que sepublica en "Conversaciones en Madrid".Advierte de que "conviene distinguir entre el politico profesional y el hombre de Estado". El primero, precisa,"piensa, ante todo, en sobrevivir como politico, porque la politica es su modus de vida". El hombre de Estado, en cambio, "aspira a un cargo politico para hacer lo que cree que debe hacer". " Llega a la politica con naturalidad y se retira de ella con la misma naturalidad, como hizo Cánovas". Como da a entender que hará él.
Pero 36 años más tarde Fraga sigue ahí. Es el profesional de la politica que se resiste a abandonar el ring. El viejo y taimado boxeador que hace unos días le soltaba de sopetón un golpe bajo a Aznar. Le reprochaba no hundir sus tobillos en el engrudo negro de las playas. No arrastrar él mismo hasta Muxía el maletín de lasindemnizaciones. No ofrecer la mejilla para que se la partieran los ecologistas de Nunca Mais. Y es que Fraga quiere seguir peleando, y en el brumoso horizonte gallego surge la espantosa silueta de unas elecciones autonómicas que se ha empeñado en librar.Por eso toma prestado de sus contricantes el argumento más elemental: la culpa la tiene Aznar.
Es cierto que el ex presidente gestionó mal aquella catastrofe. Y es probable que el resto del PP, llegadala ocasión, también reniegue de Aznar para ganar votos. Pero en el crepúsculo de la vida, en el combate final, cuando la perspectiva es privilegiada y la libertad total, no debería primar el pequeño cálculo, sino la dignidad personal. Esto esalgo que Fraga, aferrado al poder como un percebe a su roca,ha olvidado. O prefiere no recordar.


elmundo. 28/02/2005

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