¿Cómo
administrará Zapatero su victoria?
| Xus D. Madrid |
La victoria sin paliativos del Partido Socialista en las últimas
elecciones ofrece dos lecturas contradictorias: una que podríamos
considerar positiva, al permitir a Zapatero gobernar sin necesidad
de apoyarse en las minorías más radicales, cuyos votantes, a todas
luces, han transferido su voto al partido mayoritario, y otra negativa
en el supuesto de que fuese el PSOE el que se radicalizara aún más
y condujera al país hacia una nueva deriva de incertidumbres. Hay
una tercera lectura posible: que Zapatero sufriera un ataque de
sensatez y decidiera lo que acaso espera una inmensa mayoría de
votantes, es decir, llegar a acuerdos sustanciales con el Partido
Popular, mucho más fuerte que antes en la oposición con cinco escaños
más, y abrir un período de paz social que empezaría por dar la batalla
definitiva al terrorismo.
No obstante, ya tenemos la experiencia de lo que significa para
Zapatero el talante y la apertura al diálogo: solo ha sonreído y
dialogado con los radicales -incluso con ETA, que ya es el colmo-
al tiempo que acusaba a la oposición de crispar...
Queda, por supuesto, la incógnita de la política que seguirá Zapatero
tanto con el Partido Nacionalista Vasco, que tiene anunciado un
referéndum de autodeterminación para el otoño próximo, como con
la banda terrorista ETA. Para el país sería una profunda desgracia
que Zapatero interpretara su victoria como un refrendo al "proceso
de paz" que tanta crispación ha provocado a lo largo de los
últimos cuatro años, entre otras cosas porque el PP también ha mejorado
sustancialmente su posición -casi medio millón de votos más- y porque
el partido de Rosa Díez estará ahí como la voz de la conciencia
de una izquierda que perdió por completo el rumbo.