En serio, ¿no podemos seguir "en funciones" una temporada más, incluso
hasta las próximas elecciones? El país funciona más o menos como
siempre, no hay disputas agrias entre casi nadie, los nuevos portavoces
del PSOE y del PP, José Antonio Alonso y Soraya Sáenz de Santamaría,
se echan flores y dicen cosas positivas el uno de la otra y viceversa,
hay un "talante", ahora sí, tranquilo, dialogante, y hasta se habla
de pactos. Como nadie sabe lo que va a hacer el otro, incluso si
es que no va a hacer nada, pues eso, están tranquilos, serenos,
educados. Como si no fueran ellos. Los ministros no hacen nada y
por tanto no presentan iniciativas peregrinas. Sólo Montilla se
pelea con "la vice" por el agua, y de aquella manera, porque los
dos saben que no llegará la sangre al río (Ebro)...
El PSOE le cede puestos en la Mesa del Congreso a los nacionalistas;
Bono mantiene el tono conciliador de Marín, incluso cuando Ercoreca
le insulta; Zaplana, lástima que sólo sea él, se ha ido al banco
gris de los diputados; y José Blanco -ahora dice que no le gusta
lo de Pepiño- parece como si no estuviera. Y se nota, vaya que se
nota. Los tertulianos de las emisoras parecen más calmados, no todos,
y hasta hablan bien de quienes hasta hace poco eran el demonio.
Rajoy ha hecho el cambio suave, que, seguramente augura muchos más
años en la oposición, pero es un cambio y hasta parece que Esperanza
Aguirre y Ruiz Gallardón no se llevan tan mal como antes. Zapatero
tiene a todos tranquilos, callados y casi sin problemas -menos Bermejo,
aunque haya logrado después de dos meses de conflicto un preacuerdo
a su huelga de funcionarios, pendiente de que éstos lo ratifiquen
en un referéndum- esperando, unos, ser llamados para ocupar un Ministerio
y otros, que no les llame para dejar el que ocupan. Hasta los motoristas
están tranquilos, porque ya no son ellos los encargados de llevar
la carta del "se le agradecen los servicios prestados". Aunque se
están cayendo los ladrillos en cascada -Colonial, Lábaro y lo que
se avecina-, y no se vende una casa y los bancos empiezan a temblar,
la inflación y el paro crecen, la crisis todavía no se nota en las
economías domésticas porque hay colchón. Parece como si no quisiéramos
enterarnos y todo siguiera igual, los bares y restaurantes bastante
llenos, no hay billetes ni hoteles en los puentes... Es decir, la
economía no funciona, va mal, los síntomas son de un enfermo en
franco declive, pero seguramente con un Gobierno en activo las posibilidades
de empeorar son infinitas, así que, "virgencita que me quede como
estoy". Lo dicho, ¿no podemos seguir con un Gobierno en funciones
unos meses más? Lo mismo se arreglaban las cosas antes y mejor