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La
Legislatura que viene
| Antonio Casado |
La reyerta permanente de la pasada Legislatura entre PP y el PSOE
no pesa en la memoria deshabitada de Soraya Sáenz de Santamaría.
Tampoco ocupa lugar en la memoria selectiva de José Antonio Alonso.
Son los flamantes portavoces parlamentarios de las dos grandes fuerzas
políticas de ámbito nacional. A otros nombres de sus respectivos
partidos va asociado el recuerdo fresco de la bronca. No a los suyos.
Hemos de saludar, pues, la entrada en el escenario de uno y otra
como señal de retorno al sosiego. Señales y algo más, a juzgar por
sus declaraciones de estos días. Ambos han hecho explícita su disposición
a entenderse en las grandes cuestiones de Estado. Y en este punto
parece lógico desviar la carga de la prueba hacia el PP, porque
está en la oposición y es al Gobierno al que corresponde dirigir
las políticas de Estado.
En consecuencia, las posiciones de referencia en los eventuales
pactos PSOE-PP son las del Gobierno, por la propia naturaleza del
juego político en las relaciones de poder. A partir de ahí, procede
la modulación de esas posiciones gubernamentales, pero no la adhesión
mecánica a las de la Oposición so pena de sufrir los siete males,
que ha sido el aberrante ejercicio practicado por el PP durante
los cuatro últimos años. Por ejemplo, en política antiterrorista,
cuyo consenso fue imposible porque el Gobierno se empeñaba en desoír
los dictados y el parecer del partido de Rajoy.
¿Se repetirá la historia? No, en la medida que se confirmen las
expectativas suscitadas por los nombramientos de Alonso y Sáenz
de Santamaría. Pero, sobre todo, en la medida que el líder del PP,
acierte en su operación renovadora. Eso incluye el distanciamiento
de los sectores políticos y mediáticos que desde dentro reclaman
continuidad en la bronca permanente, la demolición del Gobierno
socialista -mucho más allá del desgaste o la legítima firmeza en
la tarea de oposición- y el discurso de la España en bancarrota.
¿Logrará Rajoy quitarse de encima a esos indeseables compañeros
de viaje o éstos acabarán echándole del cartel, como antes hicieron
con Josep Piqué y Alberto Ruiz Gallardón? Es la pregunta del millón
en estos momentos, a raíz del nombramiento de Soraya Sáenz de Santamaría
y los que ésta ha decidido en clave renovadora. Basta echar un vistazo
a las reacciones adversas, por no decir airadas, de esos sectores
de estirpe aznarista, claramente ligados a los resortes del poder
madrileño de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza
Aguirre. Incluidos los mediáticos, por supuesto, que son los más
ruidosos.
03/04/08
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