El hábito no hace al monje, ni el cargo al líder político. Los cargos
se pueden heredar, pero el liderazgo hay que ganárselo. Y soltar
lastre es imprescindible para conseguirlo. Si tu quieres poner en
marcha tu propio proyecto, lo primero que tienes que hacer es rodearte
de gente que comparta ese proyecto y prescindir de quienes no crean
en él. Todo cambio de equipos entraña un trauma para los relegados,
y requiere su tiempo; pero cuando llega el momento de hacerlo hay
que hacerlo, o adiós proyecto y adiós líder. Felipe González y "el
clan de la tortilla", Aznar y "el clan de Valladolid", Zapatero
y "los pepiños"... ¿Qué hicieron si no lo que ahora está haciendo
Rajoy al situar al frente de la nave popular a "los marianistas"?
A Rajoy le ha costado tanto prescindir de quienes fueron sus compañeros
de travesía que casi se le pasa el arroz; pero la toma del Congreso
por los "marianistas" augura, en mi opinión, una nueva refundación
del PP. Quienes se decían sus amigos y hoy le critican por hacer
justo lo que hasta hace cuatro días le criticaban no haber hecho,
despegarse de la sombra de Aznar, me parece que deberían hacerse
mirar la coherencia. Y los delfines y las delfinas que en plena
campaña de las elecciones del 9-M se autopostularon para sucederle,
tendrán que esperar a mejor ocasión. Como los abuelitos y las abuelitas
inteligentes, Rajoy no piensa repartir su herencia en vida. No se
ha dejado engatusar por las carantoñas de sus audaces nietecillos
y nietecillas. Se ha dado cuenta de que, en realidad, querían mandarle
a una residencia.
¿Y ahora qué? No lo sabemos. La política es muy puñetera, y cuatro
años son una eternidad. Si el actual líder del PP será el candidato
presidencial de los populares en las elecciones generales de 2012
lo dirá el tiempo, pero el primero de los misterios "marianos" ya
está resuelto. Queríamos saber si Rajoy tiraría la toalla o daría
la batalla, y ya lo sabemos. El actual líder del PP ha decidido
jugar este partido con sus "sorayas" y sus "sorayos". Los pretendientes,
como en la historia de Penélope y el velo, podrán seguir comiendo
de la mesa de Ulises, pero, como en la historia, el Navegante ha
vuelto, se ha plantado en medio del festín con los suyos, y no parece
dispuesto a dejarse arrebatar el trono de la Itaca popular... al
menos fácilmente.