Mientras Zapatero en Bucarest nos dejaba la impagable foto-carné
de lo que es y pesa en éstos días la política exterior de España,
Madrid recuperaba el aire de las postrimeras del reinado de Isabel
II. En el solar de la derecha, todo son rumores y conspiraciones;
los restaurantes están a tope. Todo son rumores y en todos se habla
de Mariano Rajoy y de Esperanza Aguirre. En Madrid, gobierna la
derecha (Esperanza Aguirre, mayoría absoluta) y en Madrid vive,
pero sin gobierno, Mariano Rajoy, líder de un partido que ha mejorado
en número de votos pero que ha perdido por segunda vez las elecciones.
Y, ése es el problema. Porque quien salió para La Moncloa se ha
quedado en Génova y pretende una tercera oportunidad; oportunidad
que no todos en su partido parecen dispuestos a respaldar. Así que
en cuanto Rajoy designó tripulación parlamentaria para otros cuatro
años de oposición, empezaron las conspiraciones. El PP tiene un
congreso en el mes de junio al que Rajoy pretende llegar sin contrincantes.
Hace dos semanas parecía posible, hoy resulta más que improbable.
Rajoy se ha rodeado de afines -en su mayoría alevines-, dejando
en el escaño, sin tarea ni focos, a los pesos pesados que la gente
conoce.
Algunos se han resignado, otros no. Una cena entre Rajoy y Aguirre
se ha explicado de manera que sirve tanto para dar pie al anuncio
de una guerra como a la notificación de una tregua. Se habla de
lista alternativa a Rajoy en el congreso de junio y también del
cabreo que tiene Camps porque a González Pons Rajoy le ha dejado
a la luna de Valencia. Tampoco están contentos en Cataluña, ni en
Castilla-León, donde han ganado de calle pero no se lo reconocen.
Ya digo, Madrid es un rumor y Rajoy cada vez recuerda más al Almunia
de cuando Borrell saltó al ruedo y ganó las primarias.