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El artículo

Con la educación no se juega
| JOSÉ MANUEL CAMPELO |

El patio está revuelto. El pasado sábado e dieron cita en Madrid, padres, profesores y estudiantes. Todos los estamentos educativos del país coincidieron en una multitudinaria manifestación -no voy a entrar en guerra de cifras- en protesta contra la LOE (Ley de Organización de la Educación). Han puesto el grito en el cielo contra el Gobierno Zapatero, y su ministra del ramo, porque consideran lesionados sus derechos. Una manifestación más de la sociedad con la educación como tema central. Todos recordamos las protestas contra la ley promovida por el gobierno Aznar, entonces la diana de los ataques era la ministra Pilar del Castillo; hoy es otra mujer la responsable del mismo ministerio, Mª Jesús San Segundo.
Obviamente cada parte da su particular visión de los hechos, unos defienden a ultranza la nueva legislación; otros -según el colectivo- la cuestionan en aquellos aspectos que más le competen. Hasta aquí ninguna objeción. Están en su derecho. Es el ejercicio de la democracia.
Pero, con el debido respeto a todos, ese tema se nos está yendo de las manos. Creo sinceramente que son más las coincidencias entre los diferentes colectivos implicados que las diferencias en cuanto al diseño de un modelo educativo conveniente y óptimo para nuestros hijos.
Porque estoy convencido de que nadie quiere el fracaso escolar, y menos oír que estamos a la cola de Europa - personalmente se me cae la cara de vergüenza-; de que ningún padre de familia acepta que le coarten la libertad de elección de centro para sus hijos; de que todos, ya mayorcitos, sabemos lo más conveniente para ellos y podemos determinar que estudien Religión o la nueva asignatura, Educación para la ciudadanía, eso sí con idéntica equiparación: evaluables o no, pero ambas.
En definitiva, el horno no está para bollos ni para nuestros gobernantes, ni para los profesores y alumnos, ni tampoco para los padres. Todos nos jugamos mucho, nada más y nada menos que el futuro de nuestros hijos y del país. Las discusiones viscerales no conducen a ninguna parte y menos aún si politizamos de modo partidista algo tan importante como la educación. Hay que cortar de raíz todos los intereses corporativistas, poner sobre una misma mesa de negociación todas las ideas y planteamientos con el objetivo final de diseñar un modelo educativo que satisfaga a todos. Por supuesto que habrá que hacer concesiones, pero es que con la Educación ¡no se juega!, señores.


14/11/05

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