Durante la investidura de Zapatero todos hemos estado más pendientes
de Rajoy. Es natural. Las luchas internas por el poder tienen mucho
más morbo que las unanimidades partidarias, y la extraña pugna que
están haciendo protagonizar a Esperanza Aguirre sus supuestos incondicionales
por el liderazgo popular despierta pasiones en todo el arco parlamentario.
Y cuchicheos para todos los gustos también.
Ninguno de los políticos a los que yo he preguntado estos días por
la cuestión consideran extraño que al Congreso popular de finales
de junio concurran cuantos aspirantes a líder o a lideresa lo deseen,
con sus propios proyectos y sus propios equipos alternativos al
del actual líder del PP. El propio Rajoy es quien ha abierto esa
posibilidad en el PP tras perder las elecciones del 9-M. Pero nadie
entiende que justo cuando tiene que examinarse es el candidato a
presidente, los supuestos partidarios de "la lideresa" se hayan
puesto a examinar ante el ojo público la capacidad de liderazgo
de su propio líder.
Hablo de supuestos partidarios y supuestos incondicionales porque
la maniobra, en mi opinión, perjudica a Esperanza Aguirre mucho
más de lo que la beneficia. Es, digámoslo claro, una maniobra en
la oscuridad, llena de sobreentendidos y falta de la transparencia
que el caso requiere. Y, sobre todo: extraordinariamente inoportuna.
Tan temprana y a destiempo que, en vez de resaltar las cualidades
de "la lideresa" para optar al máximo puesto de su partido, que
yo creo que las tiene, podría convertirla en la "liebre" de la cacería.
Que es lo que, modestamente, yo creo que ocurrirá si Esperanza Aguirre
deja que otros vayan diciendo lo que ella aun no ha dicho, digo
yo que porque su instinto le advierte que aun no el momento o simplemente
porque aun no sabe que hará cuando llegue ese momento: que encabezará
una lista alternativa a la de Rajoy en el XVI Congreso del PP.
Debería pararlos: nobleza obliga. Y la verdad es que me extraña
que no lo haya hecho ya, porque tengo a Aguirre por una política
de primer nivel. Disputar a pecho descubierto un liderazgo en el
momento adecuado fortalece al aspirante y yo creo que también a
su partido. Pero hacerlo a destiempo y de tapadillo puede contaminar
con la tinta china de la deslealtad hacia las propias siglas al
aspirante, reduciendo a cero sus posibilidades de ser algo más que
esa "liebre" que en las carreras ciclistas - deporte favorito de
Rajoy - precede al campeón, pedaleando... hasta desfondarse.