Como las cosas sigan así, el programa con que Zapatero se presentó
a las elecciones se va a parecer a la realidad como un huevo a una
castaña. En los asuntos de estado parece claro que las correcciones
serán ninguna. Basta comprobar cómo se han mantenido en el Gobierno
contra viento y marea los titulares de Justicia, Interior, Asuntos
Exteriores. O la reprobada ministra de Fomento. La idea parece ser
transmitir que aquí pocos cambios.
En economía y aledaños, la cosa pinta de otro color y se irá haciendo
lo que vaya conviniendo. Por ejemplo, ahí tenemos al flamante ministro
de Trabajo e Inmigración que le ha robado el discurso al PP. Sus
dureza al menos en los planteamientos, al hablar de control, de
legalidad, de derechos y de deberes, sorprende, ya que por esto
mismo a los populares les llamaron de todo y por su orden. También
Zapatero se ha quitado de encima a los dos ministros más beligerantes
con la energía nuclear. No es que vaya a ser causa efecto y se pongan
como locos a hablar de lo nuclear, pero parece un guiño.
La gran preocupación es si este gobierno con la incorporación de
Miguel Sebastián va a tener una línea clara en materia económica.
Hay que tener en cuenta que el ex de la Oficina de Moncloa y ex
candidato a la alcaldía de Madrid igual te habla de tipo único en
el IRPF como de subvencionar con dinero público al sector privado
del ladrillo. Da más mido que un nublado. Y, sobre todo, cuánto
tiempo dedicarán Sebastián y Solbes a picarse, a solaparse, a fastidiarse
y cuánto a buscar soluciones y medidas solventes y acertadas para
paliar los efectos de la crisis económica que tenemos encima y que
se va a llevar por delante a miles de empresas y a centenares de
miles de trabajadores. ¿En fase de tensión a quién apoyará Zapatero?
De momento, las dos medidas estrella contadas por Solbes son obra
de Sebastián en la sombra y el vice se las ha tragado. ¡Qué tardes!