El gobierno, más vale tarde que nunca, ha reconocido que la economía
española no volverá a crecer a tasas del 3 por 100 hasta 2011. ¿Qué
hubiese pasado si esta solemne declaración de la verdad se hubiese
realizado antes del 9-M? Sólo los dioses lo saben pero, quizá, los
resultados electorales serían distintos. En cualquier caso, Solbes
ha afirmado que no modificará su política económica, lo que significa
que hoy como ayer no hará nada. Ante la peor crisis económica desde
la restauración de la democracia, el gabinete socialista aplica
un esplendoroso "laissez faire-laissez passer". No está mal...
Entretanto, las noticias económicas del exterior son pésimas. El
precio del barril petróleo se sitúa en los 112 dólares, la inflación
en la Eurozona alcanza su máximo histórico y el euro vuelve a apreciarse
frente al euro. Esto significa que Europa afronta un shock de oferta
negativo, en plata un aumento de sus costes de producción derivados
de un oro negro más caro, y uno de demanda también negativo provocado
por un tipo de cambio del euro que penaliza las exportaciones a
las regiones fuera de la Unión. La combinación de ambos factores
deprimirá el crecimiento de la economía continental.
Con la inflación en la Eurozona en el 3,6 por 100, olvídense de
una bajada de las tasas de interés. El BCE no podrá aflojar las
riendas de la política monetaria porque eso sólo serviría para alimentar
la hoguera inflacionista. Para España, cuya sensibilidad a las tasas
de interés es muy alta, dado el alto endeudamiento de las empresas
y de las familias es una pésima noticia. Si a eso se une que la
economía nacional es la que más depende del petróleo de toda la
UE, la situación se pone aún más fea. Malos tiempos para la lírica.