Al paso de carga -y de duda- que va Esperanza Aguirre terminará
como Kerensky: acabará con el zar, pero será otro quien se quede
con las llaves del Palacio de Invierno. Nada de lo que envenena
los sueños de la presidenta de Madrid está fuera de la legítima
ambición democrática de quien, como es su caso, gana elecciones
con respaldos populares mayoritarios. Justo lo que le falta a su
rival. Ocurre, sin embargo, que los partidos políticos son pirámides
oligárquicas y la maquinaria del PP está diseñada para ser controlada
desde el vértice. Rajoy pierde elecciones ,pero puede ganar tranquilamente
congresos. Paradójico, pero cierto. Tan cierto como que hay gentes
importantes de la órbita popular -algún político, algún financiero,
algún empresarios- que están de maniobras tratando de convencer
a Rodrigo Rato para que vuelva a la política y se ponga al frente
del partido.
Todas las fuentes consultadas coinciden en que a día de hoy, Rato
no está por la labor. A día de hoy, porque el futuro es largo. Rodrigo
más que un "tapado" es la verdadera esperanza política que les queda
a los populares sí quieren volver a ganar las elecciones. Rato (orfebre
del "Pacto del Majestic" con Pujol en el 96), acabaría con el estigma
ideado por los nacionalistas en otro pacto, el del Tinell, y aportaría
confianza y pericia en la conducción de los asuntos económicos y
políticos del país. Podría ganarle a Zapatero.
Pero, ya digo, que todas las fuentes coinciden en que no quiere
líos. Veremos en qué queda la cosa porque es sabido que el único
político del PP con el que Esperanza Aguirre no competiría es con
Rato. En esta fase de la crisis por la que atraviesa el PP, Rato
ni juega, ni es, ni va de "tapado", pero en política, cuatro años
son una eternidad.