Si algo ha quedado claro en el último asalto de la lucha por el
poder en el PP es que Esperanza Aguirre, la aspirante inconfesa,
distingue dos ámbitos de confrontación. Uno, el liderazgo del PP,
que se ventila en el XVI congreso nacional del partido. Otro, la
nominación del aspirante a la Moncloa, o la aspirante, en nombre
del PP, que decidirá la Junta Directiva dentro de tres años.
Lo primero toca en junio de este año. De esa batalla acaba de desengancharse
la presidenta madrileña. No le salen las cuentas. Consciente de
que la democracia es recuento, además de debate, pero sobre todo
recuento, echa en falta al menos 600 avales. Por tanto, se descarta
como candidata y, al igual que el resto de los "barones",
compromete su apoyo a Rajoy en el congreso del mes de junio en Valencia.
Lo segundo toca unos meses antes de las próximas elecciones generales,
cuando reglamentariamente debería celebrarse un nuevo congreso nacional
del partido. No es segura su celebración. Podría aplazarse, precisamente
por la inminencia de unas nuevas elecciones generales, como ocurrió
con el que va a celebrarse ahora aunque debía haberse llevado a
cabo en vísperas de las pasadas elecciones generales. Eso, por un
lado. Por otro, conviene recordar que el candidato del PP a la Moncloa
no sale de un congreso del partido sino de su Junta Directiva, que
es el órgano depositario de la voluntad del partido entre congreso
y congreso.
Este segundo escenario -el futuro de la nominación del candidato
a Moncloa, no el presente del liderazgo del PP-, es el elegido por
Esperanza Aguirre para intentar desalojar a Rajoy como aspirante
y a Zapatero como titular del poder. Y en eso está pensando cuando
invoca el refrán "nunca digas de esta agua no beberé"
en referencia a un eventual paso al frente para ser candidata a
la Presidencia del Gobierno. La parte oscura de esta posición es
que necesita alimentarse del fracaso de Rajoy.
Largo me lo fiáis, pensarán ustedes. Correcto. Faltan tres años
y una serie de procesos electorales que Rajoy debe ir salvando sin
revolcones si quiere llegar sobrado a la nominación. En caso contrario,
Aguirre, que seguirá utilizando la Comunidad Autónoma de Madrid
como su propia plataforma de oposición al Gobierno central, dará
el paso que ahora no ha podido dar porque las cuentas no le salen
(avales) y porque, aunque le salieran, tiene poco sentido intentar
el salto a la Moncloa sin estar presente en el Congreso de los Diputados.
Lo dicho: la "lideresa", en fase de repliegue táctico,
se reserva para dentro de tres años, pero necesita que Rajoy se
estrelle en las urnas: gallegas, vascas, europeas, catalanas, autonómicas
y municipales. Demasiada tela por cortar.